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miércoles, 25 de julio de 2012

Cómo salir de esta crisis (I)

Buenos días, blogueros!

Sé que dejé este tema aparcado durante bastantes meses, pero una vez más me dispongo a dejar una entrada con una de mis reflexiones sobre economía, que últimamente (por desgracia) está muy de moda.

Veréis, este verano no me encuentro en Europa, y por lo tanto en estos momentos se supone que debería estar durmiendo... Sin embargo, y a pesar de ser aquí la 1:34 de la madrugada, y de tener que levantarme a las 7:26 para ducharme e ir a clase, no podía conciliar el sueño. No es que la prima de riesgo me quite el sueño, pero bueno, ya sabéis, son esos momentos en los que uno no puede dormir y su mente se pone de forma automática a divagar sobre temas que trascienden más allá de lo común. Y así andaba yo cuando se me encendió una luz en mi cabecita: "Oye, ya que estamos, en vez de perder el tiempo, ¿por qué no nos ponemos a escribir algo sobre los últimos acontecimientos económicos que se han ido sucediendo en Europa  y, más concretamente, en España?". Pues aquí estoy, otra vez, dispuesto a aburriros, indignaros o entusiasmaros. Cualquier cosa me vale, excepto dejaros indiferentes. ¿Por qué? Bueno, creo que la gravedad de la situación debería de hacernos reflexionar a todos, aunque sea un poco.

No voy a mentiros, no soy como don Mariano ni su panda de borregos, voy a deciros exactamente lo que pienso: estamos jodidos. Pero bien, bien jodidos. Creo que mi opinión no debería de sorprenderos si habéis leído las dos anteriores entradas. Lo veía venir desde hacía más de un año (aunque en realidad, ¿quién no? excepto la ceja y el de las "sh"). A lo que me refiero con "jodidos" (perdonadme la expresión, por cierto) es a que en los próximos años vamos a vivir peor -si cabe-, vamos a perder más soberanía -si cabe-, y vamos a perder más presencia e influencia internacional -si cabe-. Pero sobretodo, vamos a vivir peor, que, en el fondo, es a lo que a todos nos importa de verdad. Lo de la soberanía y la influencia a todos nos resbala un poco, ya sabéis, pero no deja de ser algo del todo trivial. Intentaré explicarlo lo mejor que pueda.

Vamos a ver, como dice un amigo mío, "comencemos por el comienzo", o por el origen del problema, o por como queráis llamarlo. España tiene un gran problema de deuda. No es que la deuda de nuestras Administraciones Públicas sea excesivamente elevada -que lo es-, en comparación con los países de nuestro entorno salimos ganando: un 70% aprox. de PIB, frente al 130% de Grecia, 125% de Italia, 110% de Portugal, o -tachán tachán- 80% de Alemania. Sí señores, Alemania tiene tanto relativa como absolutamente más deuda que el Estado Español.¿Dónde está el problema? Supongo que ya sabréis la respuesta: el déficit. A grosso modo, podemos definir el déficit público como la diferencia entre el total de ingresos menos gastos de un ejercicio (año económico) del conjunto de las Administraciones Públicas. Es decir, el déficit público viene a ser el dato que nos muestra, en términos monetarios, el incremento de la deuda pública de un país, por lo tanto, si al contrario tienes superávit, el país en cuestión está reduciendo su deuda pública. Para simplificar el dato, se suele mostrar como % sobre el PIB del total de la economía de un país. Aunque todo esto tiene matizaciones (¿qué no lo tiene en economía?), podemos darlo por válido para lo que nos concierne. Pues señoras y señores, en España el gran PROBLEMA con mayúsculas es que desde el inicio de la crisis el déficit está desbocado, lo cual implica que nuestra deuda está creciendo a pasos agigantados. El dato más gráfico que puedo mostraros es el siguiente: en el 2007, el porcentaje de deuda pública sobre el PIB era del 36% aprox. Cinco años más tarde, en el 2012, tenemos una deuda del 70%. Es decir, casi la duplicamos. Y eso es un problema. Tener una deuda elevada pinta muy mal ante los ojos de los inversores, pero pinta aún peor el hecho de que el país, después de 3 años, sea claramente INCAPAZ de reducir el déficit de forma considerable (11% en 2009, 9.2% en 2010 y 8.5% en 2011, apenas 2.5 puntos porcentuales en 2 años). Amigos, Grecia -sí, como lo leéis- ha reducido en 2 años su déficit de 16% del PIB al 9%, vamos, más del doble que nosotros. Claro que los griegos partían de una situación peor, pero no deja de ser un esfuerzo increíble teniendo en cuenta que son los apestados a nivel internacional.

Vale, ahora que hemos asentado el origen del problema, viene la irremediable explicación. ¿Por qué en los 2000 eramos los campeones de Europa con las cuentas públicas mejor saneadas y ahora ya no? La respuesta es obvia: el boom del ladrillo. España nunca había tenido una moneda fuerte antes de entrar en el euro, lo cual se traducía en tipos de interés muy altos. Sin embargo, la entrada en el euro todo lo cambió. Al tener una moneda que rivalizara con el dólar, los tipos de interés nominales armonizados con el resto de la Eurozona hizo que si antes una persona tenía que financiar un crédito al 10%, ahora lo podía financiar al 2%.  El BCE actuó con una política de tipos de interés expansiva debido a que Alemania y los demás países centroeuropeos estaban al borde de la recesión debido al estallido de la crisis de las puntocom (la burbuja de las compañías relacionadas con internet). En España tal crisis no se había notado demasiado, y el resultado fue que el país entero se lanzó a endeudarse gracias a los tipos tan bajos que operaban en el mercado. Las leyes impulsoras de la liberalización del suelo hicieron el resto. España empezó a crecer a ritmos vertiginosos, llevando a nuestra economía a lo más alto de Europa e incluso rivalizando con la ahora todopoderosa Alemania. Sí, así era. Periódicos como Der Spiegel vaticinaban que España superaría a Alemania en renta per cápita en el 2011 (sucedió con Italia y vimos como se puso el presidente de aquel entonces, llamando fracasada a Merkel y diciendo que el próximo objetivo era Francia, olé tus huevos, así es la diplomacia española... aunque viendo las últimas declaraciones de Margallo casi hasta se le echa de menos, en fin). ¿Por donde iba? Ah sí, el boom. Ello se tradujo en un aumento del PIB que llevó consigo a una mayor recaudación pública, consiguiendo las Administraciones Públicas superávits durante diversos años, y reduciendo el montante de la deuda. España iba bien, y entonces ZP proclamó su famosa bajada de impuestos "de izquierdas"... cuando se debería haber hecho todo lo contrario. La economía estaba creciendo de forma desequilibrada, con un sector de la construcción que tiraba de la locomotora de forma artificial, mientras la productividad del trabajo se iba deteriorando. Una subida de impuestos en época de bonanza habría preparado a la economía para momentos como los actuales. Ahora, una subida de impuestos significa una caída grave en el consumo, y mayor contracción económica. Al mismo tiempo, el gasto público iba aumentando, que, gracias al aumento de la recaudación, se podía disimular. Pero, tal y como había vaticinado el Wall Street Journal en el 2006, el estallido de la burbuja inmobiliaria supuso el fin del crecimiento, sin ningún otro sector que pudiera tirar del carro. En el 2008 y siguientes, la economía española se contrajo duramente, los precios de la vivienda cayeron, el sector de la construcción entró en una lenta agonía, la gente perdió sus trabajos, los bancos se fueron quedando con un montón de pisos en balance que ya no valían ni siquiera el valor de la hipoteca que recaía sobre los mismos,... y los ingresos del sector público cayeron como nunca habían hecho, dando lugar a un déficit público del 11.5% del PIB. Desde entonces, oh sí, las exportaciones han aumentado y tal. Pero en un país tradicionalmente importador, con el mayor déficit comercial del mundo después de EEUU, el sector exterior todavía no supone un verdadero sustituto de la construcción, ni se espera que lo sea en los próximos años. Así las cosas, el sector público español -si bien inferior en % sobre el PIB si lo comparamos con los países de nuestro entorno- estaba y está sobredimensionado. Y por lo tanto crece nuestra deuda pública. Pero, en cambio, la economía y los ingresos públicos no crecen. ¿Cómo vamos entonces a pagar la deuda?

Me diréis "vale, ya sé que eso del sector de la construcción y el boom y tal, pero, la construcción ahora es del 8% del PIB, ya se está corrigiendo el desajuste, el turismo funciona, las exportaciones van bien... ¿por qué no crecemos?". Bien, pues como ya dije, España es un país profundamente importador. Significa esto que compramos más al exterior de lo que le vendemos. Ergo, estamos consumiendo más de lo que producimos. Elemental, mi querido Watson (menuda mierda de frase). Siendo como somos, país con una balanza comercial deficitaria, nuestro crecimiento económico se basa profundamente en el consumo. Esto es sencillo de explicar: si consumimos más, las empresas producen y venden más; si venden más, somos más ricos; si somos más ricos, consumimos más; si consumimos más, las empresas venden más;... y así hasta el infinito y más allá. Los países exportadores se basan también en su consumo interno, pero las exportaciones (o sea, el consumo externo) también es muy relevante. Si en Alemania, por ejemplo, la demanda interna está débil, pueden salvarse y reactivar su crecimiento exportando sus productos a los países cuya economía va bien. España no puede hacer lo mismo (está empezando sí, pero aún le queda mucho camino por delante). Esto significa que en España o la gente empieza a consumir, o no salimos de ésta. Pero la gente ¡no puede consumir más! Principalmente porque durante el boom no sólo fue el sector público el que empezó a consumir más, si no que fueron los propios ciudadanos. Sí señores, os acordaréis de aquellos préstamos superchachis que os ofrecía día sí y día también vuestro empleado de confianza de la sucursal bancaria de la esquina. Préstamos para comprarse una casa, y ya de paso, cambiar el coche, irse de viaje a las Bermudas, cambiar los muebles, hacerse el bótox,... yo que sé. Mucha gente fue sensata y les dio puerta, pero otros muchos picaron. Y no porque fueran avaros, si no porque la vivienda es una necesidad, y en aquellos momentos estaba por las nubes. Hipotecas a 30 años, etc. El caso es que, como ciudadanos y como empresas, nos endeudamos. Tanto que ahora mismo tenemos la segunda mayor deuda privada del mundo. Pero ahora ya no tenemos trabajo. No tenemos dinero. ¿Cómo la pagamos? Pues está claro: reduciendo el consumo. A estos procesos se les llama en economía "desapalancamientos". El nuestro será muy duro. En estos últimos años la proporción de gasto familiar dedicado a COMER, sí, COMER, necesario para vivir, ha DISMINUIDO. Es un dato muy significativo. No podemos irnos de viaje, no podemos comprar chuches, ... ¿cómo se supone que vamos entonces a generar crecimiento económico? Y aún por encima viene Marianico y nos sube el IRPF, el IVA, y la madre que lo parió. Dentro de poco se inventarán impuestos sobre alguna chorrada del estilo "impuesto sobre la incapacidad para el desarrollo de la actividad física en el ámbito doméstico" que grave la compra de mandos a distancia de la televisión. Si claro, ¿me dicen ustedes, señores y señoras del Partido Popular, quién coño va a consumir algo? En fin, me estoy yendo del tema.

Conclusión: La economía, cuesta abajo, de culo y sin frenos; la deuda pública aumentando tanto que se va, como diría mi primer profesor de microeconomía, a tomarporelculo.com; los inversores internacionales que no nos prestan pasta porque no ven forma de que se la devolvamos; las familias y empresas reducen el consumo porque están endeudados hasta las trancas, y las exportaciones no sirven para tirar del carro porque todavía son insignificantes. Estamos jodidos. O, en otras palabras que se han puesto de moda recientemente: Nos vamos al guano (esto viene por un diario internacional, creo que fue el Financial Times, que se equivocó, es posible que de forma intencionada, al escribir el nombre de nuestro querido ministro excorruptódromo de los Hermanos Lehman, que en vez de poner "De Guindos" puso "De Guanos". Hilarante, ¿no creéis?).

Y ahora queda la segunda irremediable pregunta: ¿Es esto el Apocalipsis? Pues no. No, no y no. Vamos a ver, durante los 80 y 90 los países latinoamericanos sufrieron crisis fiscales similares y, vuelven a estar otra vez en la senda del crecimiento. Bueno, después de 20 años, eso sí. Una década perdida es imposible de evitar para España. Llevamos ya 5 años de crisis y se prolongará otros 3 o 4 como mínimo. Pero se pueden tomar medidas para salir de ésta. Son medidas un tanto dolorosas, sí, pero no queda más remedio. Como esta entrada se titula "Cómo salir de la crisis", intentaré cambiar un poco el tono y ser más optimista. Voy a explicaros mis propuestas sobre cómo salir de la crisis. Vale, soy un simple estudiante, ¡se aceptan las críticas pero con moderación eh! Vamos allá:

1. PERMANECER EN EL EURO (SI SOBREVIVE) CUESTE LO QUE CUESTE.

Como leéis. Últimamente está creciendo el número de personas que verían favorable una salida del euro para relanzar nuestra economía, y algunos diarios tanto internacionales como nacionales así lo intentan hacer ver. Pero NO, señores, es una decisión terriblemente mala. La salida del euro retrasaría aún más la salida de la crisis, y ello se debe a varias razones.

En primer lugar, la deuda de los españoles está nominada en euros. Eso significa que la vuelta a la peseta no implicaría que las deudas se cambiasen a pesetas automáticamente. Es decir, que si tú debes 1 euro, con la vuelta a la peseta no deberías 166 pesetas. No. El tipo de cambio euro-peseta es ese, 166, pero el tipo de cambio real al que hoy estaríamos si España no hubiera entrado en el euro sería un 50% mayor. Es decir, que si volviéramos a la peseta, ésta se depreciaría al menos un 50%, lo que vendría a ser que si tú debes 1 euro, ahora no deberías 166 pesetas, si no que deberías 250 pesetas, eso sí, cobrando un sueldo en pesetas convertido por la tasa de cambio de 166. Vamos, que tus deudas aumentarían un 50%. Si tenemos en cuenta que este país está profundamente endeudado y ello es causa de la contracción del consumo y de la recesión económica, salir del euro, de primeras, agravaría aún más la situación, haciendo que el proceso de desapalancamiento fuera más lento. Claro, alguien podrá pensar "bueno, pues no pagamos, y punto". Es una opción, pero muy arriesgada. Argentina lo hizo hace una década y aún hoy por hoy nadie le presta dinero si no es a un tipo de interés muy elevado.

En segundo lugar, está la falacia de que la depreciación del tipo de cambio mejoraría nuestra balanza comercial y aumentaría nuestras exportaciones. Es falso. Esto se da en países con grandes recursos naturales propios, pero no en el nuestro, que es gran importador de productos semielaborados y materias primas. La razón es sencilla, venderíamos más en el exterior, pero también se encarecerían nuestras importaciones, por lo tanto, las empresas verían como el aumento de ventas se compensaría por un aumento de sus costes de producción. Resultado: que la competitividad seguiría igual. Sí claro, los salarios, parte importante de los costes de producción, no se verían afectados. Pero, repito, somos un país importador de materias primas, sobretodo de energía. La tasa de cobertura de nuestra economía es del 83%, ello significa que de 83 euros que vendemos en el exterior, compramos 100 euros al exterior. Y el motivo de ello es que esos 13 euros de diferencia corresponden en un 90% al petróleo, y demás materias primas. Es decir, que sí, la competitividad de la economía sería mayor por una caída de los costes laborales, PERO, no sería suficiente dado que se vería limitada por un aumento del nivel de precios de importación.

En tercer lugar, al recuperar nuestra política monetaria, es probable que para pagar la deuda y no entrar en suspensión de pagos, el Banco de España imprimiera billetes a toda pastilla, generando hiperinflación y deteriorando aún más el tipo de cambio. Creo que no hace falta seguir explicando, ¿no?

2. REDUCIR EL DÉFICIT POR VÍA DE REDUCCIÓN DE GASTO Y NO AUMENTO DE INGRESOS.

Bien, este punto puede ser más controvertido aún. Como ya he dicho antes, nuestro Sector Público está sobredimensionado para lo que nuestra economía se puede permitir. Ello se debe a que los gastos durante los 2000 se dispararon a consecuencia del aumento de ingresos. Se sigue despilfarrando en nuestro país, y por ello hemos de cortar el gastos. ¿Por qué no debemos aumentar los impuestos? Pues por lo de antes, porque ello afecta al consumo tanto de hogares como de empresas, contrayéndolo. Veamos, pongamos un ejemplo, si con el impuesto I al 19% recaudas 1000 es muy probable que si lo subes al 23% recaudes lo mismo, o menos. Esto se debe a que el consumo se está contrayendo. Si aumentan los impuestos, consumes menos, por lo tanto, compras menos; si compras menos, las empresas ingresan menos; si ingresan menos, la cuantía ingresada por las AAPP en concepto de impuestos se reduce. Por ello una subida de impuestos es siempre perjudicial para la economía, y, por otro lado, no garantiza que se vaya a recaudar más.

El gasto en cambio genera menos perjuicios a la actividad económica. La productividad empresarial privada es mucho más elevada que la productividad empresarial pública, por lo que un euro invertido por el sector privado genera, por lo general, más ganancias que un euro invertido por el sector público. Por ello, al no incidir directamente sobre el beneficio empresarial, se produce una mayor recaudación sin que se tenga que poner en peligro a la economía. Y recalco, sin que se tenga que poner en peligro a la economía. Ello dependerá de qué tipo de gastos se recortan. Y es precisamente el gasto improductivo el que supone un menor perjuicio.

Vale, ¿pero qué es el gasto improductivo? Es aquel que no genera ningún beneficio, ni directo ni indirecto. Vamos a ver. Es fácil de entender. El dinero recaudado por el Sector Público viene de los contribuyentes, de los ciudadanos y de las empresas, con lo cual, cuando recauda los impuestos, el Sector Público está privando a los ciudadanos y empresas de poder usar parte de sus ingresos para consumir/invertir. Si el Sector Público decide coger ese dinero y dárselo a un tipo que está contratado como asesor de X ministro/alcalde/etc pero cuya labor se reduce prácticamente a nada, y su valor añadido es por lo tanto nada (porque ya me diréis que valor añadido genera un asesor cuando tienes otros 999, tiene que ver con el concepto de utilidad marginal y tal), entonces, el gasto del sector público es improductivo. No ha generado valor añadido. Se ha limitado a cambiarlo de manos, a hacer una redistribución (una redistribución injusta a mi parecer). Pasa lo mismo con las pensiones y los subsidios por desempleo: tienen una eficacia meramente redistributiva. En cambio, el gasto en pensiones y el gasto en subsidios por desempleo sí generan valor añadido indirecto: cohesión social, disminución de la pobreza, menor conflictividad territorial,...etc. Son gastos redistributivos pero importantes y que tocarlos sería tener a toda la opinión pública de tu contra, lo cual nunca es bueno. Parones, huelgas,... todo eso afecta a la economía. Y eso sin mencionar el tema de la moral, o de la justicia: parece justo que un anciano reciba una pensión para poder vivir, en cambio, parece injusto que un asesor cobre 2000 euros más dietas por no hacer nada.

Después tenemos los gastos productivos, que son aquellos que generan beneficios directos en la sociedad. Gastar en mantenimiento de la red viaria o gastar en educación es importante, debido a las externalidades positivas. Si mantienes las comunicaciones terrestres mejorarás el comercio y el tráfico económico entre dos regiones, si gastas en educación obtendrás mejor y más preparados ciudadanos para que el día de mañana tengan empleos cualificados que tributen más. Los gastos productivos se suelen denominar inversiones, porque a largo plazo generan beneficios directos.

Entre los gastos públicos productivos podemos distinguir como principales: educación, I+D+i, inversiones ferroviarias, funcionarios de la Administración... etc. En los gastos públicos redistributivos, con beneficios indirectos, podemos distinguir: sanidad, pensiones, prestación por desempleo,...etc.

Pues bien, el gasto improductivo en nuestro país está disparado: duplicidades, organismos públicos prescindibles, empleados públicos innecesarios,... Estos son, señores, los gastos que debemos cortar. Y, así, a bote pronto, se me ocurre que esto se manifiesta en, por ejemplo: 1) Eliminación de diputaciones provinciales, 2) fusión de ayuntamientos, 3) liquidación de corporaciones públicas y de duplicidades administrativas, 4) Eliminación de subvenciones ideológicas (partidos políticos, sindicatos, asociaciones de empresarios, Iglesia y demás organizaciones religiosas...), 5) Eliminación de puestos públicos políticos (asesores y tal), 6) Ahorro en Defensa todo lo que no tenga que ver con la inversión en I+D (fuera de Afganistán, etc); 7) Disminución drástica de la ayuda al desarrollo; 8) Eliminación del Senado; 9) Reducción de los gastos de la Corona; 10) Reducción de sueldos políticos; 11) Subasta de la mayoría de los coches oficiales; 12) Reducción de sueldos de funcionarios que ingresen en términos netos más de 40.000 euros anuales; 13) Eliminación de la Sanidad Universal para aquellas rentas que superen los 100.000 euros anuales;...

Todo eso y más se puede recortar sin afectar gravemente a la economía del país. Es, repito, gasto improductivo (¿para qué necesita una persona que genera más de 100.000 euros anuales netos la sanidad universal si perfectamente puede pagar un seguro privado?). Pero la reducción del gasto público no es lo único necesario, hay que incrementar los ingresos. Sin embargo, a ello se refieren las siguientes medidas que propongo, que van encaminadas a la generación de riqueza y al crecimiento económico.


 CONTINUARÁ...

Si, queridos lectores, se me ha hecho tardísimo. Me han dado las 4 menos 10 de la madrugada y me levanto en 3 horas y media, así que me disculparéis que siga mañana. Por lo pronto podéis saber por donde voy simplemente con leer esta entrada. Me ha salido un poco larga, pero bueno, éche o que hai.

Seguramente haya algunas erratas, disculpadme por eso porque lo he escrito bastante rápido. Mañana le hecho un vistazo para corregirlo.

En fin, BUENAS NOCHES!

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