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sábado, 28 de julio de 2012

Cómo salir de esta crisis (III)

Saludos a todos de nuevo, mis queridos lectores!

Aquí son las 10 de la noche y me dispongo una vez más a continuar con la perorata de siempre. Hoy estoy bastante reventado después de haberme pateado unos 15 kilómetros con un calor que nada tiene que envidiar al Sahara.

En fin, iba soltando la batería de medidas que propongo para salir cuanto antes de esta crisis y evitarnos una década perdida "a lo Latinoamérica". Lo último que había propuesto era una triple medida resumible en: mejorar la puta educación. Ya basta de planes contra el desempleo ineficientes. El único plan que puede hacernos crear empleo es elevar la cualificación de nuestros conciudadanos, tanto en el ámbito más puramente académico, como en la promoción del emprendimiento y el fomento de la I+D+i. ¡No queremos ciudadanos pasivos!

Siguiendo entonces con mis propuestas, ahí os dejo las siguientes:

5. UNA REFORMA LABORAL EN CONDICIONES.

Vamos a ver, este tema ha sido altamente discutido. Y seguramente muchos de vosotros no estaréis de acuerdo conmigo, pero en fin, como todo en la vida no se puede contentar a todo el mundo. Lo más importante y que debo de recalcar ahora mismo: la reforma laboral NO TIENE COMO OBJETIVO CREAR EMPLEO. Eso es una falacia que repiten políticos y hasta algunos economistas hasta la saciedad. No, para nada. El objetivo de la reforma laboral es que EN LA PRÓXIMA CRISIS NO TENGAMOS UN 25% DE PARO. Esto quiere decir que la reforma laboral no va a hacer que mágicamente empiecen a contratar los empresarios, más bien al revés, si se aumenta la flexibilidad podrán despedir más y recortar salarios,... etc. Pero si se hace bien, no será necesario que durante la próxima crisis las empresas deban de deshacerse de la mitad de su plantilla.

Sí, señores y señoras, es completamente necesaria una reforma laboral, pero no las tonterías que han ido haciendo los sucesivos bobiernos que hemos tenido. Yo os explicaré por qué es necesaria: retrocedamos al año 1995, ¿recordáis que tasa de desempleo había en España? Yo no lo recuerdo porque tenía 5 años, pero creo que, si las estadísticas oficiales no mienten, rondaba el 25% de la población activa. Vaya, eso me recuerda a algo... año 2012, tasa de desempleo 25%. Vale. Houston, tenemos un problema. Pero ya sabéis lo que dicen, ¿no? Mal de muchos, consuelo de tontos. Echémosle un vistazo a la tasa de paro de los países de nuestro entorno económico más inmediato: Portugal, 15%; Irlanda, 14,6%; Italia, 10%; Grecia, 22%,... Supongo que, si no lo sabíais, os habréis quedado con cara de WTF?. O sea, Grecia, país que lleva en recesión desde el 2008 sin parar, cuya economía ha decrecido aproximadamente un 6% en 2011 frente al incremento del 0.7% español; ¿tiene MENOS PARO que ESPAÑA? ¿Pero cómo es posible?

Los cuatro, exceptuando a Irlanda, son países con estructuras productivas similares, de similares problemas económicos,... ¿a qué se debe esta divergencia tan abrupta? Pues, como habréis imaginado, se debe a nuestra regulación del mercado de trabajo. El siguiente párrafo es un extracto que escribí hará unos meses por un trabajo de la universidad. Lean, lean:


(...) En primer lugar, el gran problema de la regulación en material laboral en España ha estado en la gran cantidad de contratos temporales que, frente a los hiperprotegidos indefinidos, supera el 25% del total, mientras que la media de la OCDE está en el 12%, tasa que se dispararía hasta niveles escandalosos si se tiene en cuenta únicamente al sector de los trabajadores de menos de 30 años. El problema de esta dualidad estriba precisamente en las rigideces que supone el tener a una buena parte de los trabajadores a los que es muy costoso despedirlos y/o reorganizarlos en la forma a la que mejor convenga a la empresa, es decir, hay ausencia de flexibilidad interna. Es sencillo de explicar: mientras que en épocas de crisis no existe una regulación que reduzca las enormes fluctuaciones e incertidumbres en las ventas e ingresos de los empresarios, estos en cambio tienen las manos muy atadas para poder adaptar la estructura empresarial al contexto económico-financiero, no pudiendo reducir uno de los mayores costes que tienen las compañías, los sueldos y salarios, ni siquiera para poder cambiar o transferir trabajadores de plantas poco productivas a aquellas que sí lo son, por poner un ejemplo. Esta falta de flexibilidad es lo que desincentiva a los empresarios a hacer fijos a sus trabajadores, y eso no lo harán mientras no consideren que en el futuro podrán permitírselo, y es la razón de la alta tasa de temporalidad y precariedad. Cuando llegan las épocas de vacas flacas, los empresarios sólo tienen la opción de enviar a la calle a aquellos trabajadores más desprotegidos, que, curiosamente, afecta también a los más jóvenes. En cambio, se mantienen trabajadores antiguos poco productivos simplemente por su longevidad. Este modelo de trabajo para toda la vida podría ser válido en épocas anteriores, pero ya no. Actualmente, los empleos estables sólo son aptos para el sector público conforme la economía se va globalizando y debiendo hacer competencia a los países emergentes que, hoy por hoy, son los que tienen el liderazgo en costes. La temporalidad, además, es causa directa de la baja productividad, dado que al ser empleos de poca duración, a las empresas no les interesa invertir en formación. (...)

Resumiendo: Es necesario acabar con la alta temporalidad. Para ello, se hace imprescindible hacer, como recomiendan la mayoría de los economistas, una reforma laboral que imponga un contrato único con indemnización por despido creciente. Ello evitaría que en épocas de crisis los empresarios pudieran despedir a mansalva a todos los trabajadores temporales, pudiendo hacerlo con cualquiera de sus trabajadores.


Pero ello no es lo único que debe tener una buena reforma laboral. Señores, ¿sabéis por qué en Alemania tienen un 5% de paro solamente? Porque se cuentan como empleados a personas que realizan los llamados "minijobs": empleos a tiempo parcial por los que se reciben unos 500 euros mensuales aproximadamente. Vale, coincidiréis muchos de vosotros en que esos 500 euros son una miseria y que no llegan para vivir, que es un atentado contra la dignidad humana. Yo digo: bueno, mejor tener 500 euros que no tener empleo y estar chupando del Estado, ¿no? 

Tal vez lo anterior que he dicho sea un poco exagerado, pero es que es necesario introducir flexibilidad en las empresas. Por poner un ejemplo, imaginaos que trabajáis en un empresa que tiene contratada a 1000 personas, y suponed que todas cobráis lo mismo: 20.000 euros anuales. La empresa en cuestión, llamada Ejemplo 1 SA, facturaba antes de la crisis unos 50 millones anuales, frente a unos gastos salariales de 20 millones que podía afrontar perfectamente, y otros gastos fijos de 20 millones (mantenimiento de maquinaria, materias primas, etc). Ahora llega la crisis, y dicha empresa en vez de facturar 50 millones factura solamente 30 (los ingresos le caen un 40%). Si Ejemplo 1 SA mantiene su misma estructura de costes, tendría unas pérdidas de 10 millones de euros. Para solucionar esto, la junta directiva decide recortar lo que pueda: reduce sus gastos fijos a 15 millones desde los 20 millones anteriores, y ahora tiene que reducir los gastos salariales, por lo menos hasta 15 millones, para no tener más pérdidas. La opción A (y la más fácil de los directivos) es echar a la calle a 250 trabajadores, puesto que ahora venden menos no es necesario tener tantos trabajadores. La opción B es reducir el sueldo a los trabajadores un 25% pero no despedir a ninguno. Vosotros, ¿cuál escogeríais? Seguramente muchos de vosotros diríais, bueno, la B, cobramos todos unos 15.000 euros anuales, pero por lo menos nuestros compañeros se libran de quedar en el paro. Pero la opción B en España hasta la reforma de Marianico no podía ocurrir bajo ningún concepto. A los empresarios sólo les quedaba la opción de despedir, o de aguantar las pérdidas. Y suponiendo que tuvieran que pagar una indemnización por despido, la opción B es mucho más interesante que la A. 

Vale, y si lo que dices ya lo ha hecho la reforma laboral del tipo ese barbudo, entonces ya está, ¿no? Bueno, resulta que la reforma del señor Rajoy falla en los siguientes puntos: 1) no impone el contrato único; 2) no aporta mejoras en las políticas activas de empleo; 3) es tremendamente injusta con los trabajadores en varios puntos (el empresario no debería poder despedir aunque la ausencia al trabajo se justificara por una enfermedad). 

Vamos con el punto 2, medidas activas de empleo. Éstas son aquellas que hacen hincapié en la formación de los desempleados para mejorarla y que puedan encontrar un empleo en un sector diferente al que estaban empleados. La reforma del 2012 fracasa estrepitosamente. Vuelvo a dejar un fragmento de mi otro texto para que lo comprobéis:

            (...) Está demostrado que invertir en la formación de los desempleados aumenta sus posibilidades de encontrar un empleo, pero es importante que estos programas de formación sean eficaces y eficientes, tal y como ha demostrado la sobrecualificación de muchos trabajadores con carreras universitarias, y la necesidad de más trabajadores con formación profesional e idiomas. La reforma laboral, los únicos pasos que toma en este sentido están encaminados a acabar con el monopolio de los sindicatos y las organizaciones de empresarios sobre la percepción de subvenciones para llevar a cabo programas de formación de parados, y las empresas de trabajo temporal pueden actuar también como agencias de colocación, pero aún así resulta incoherente que se les prive de poder realizar asimismo estos cursos de formación para gente sin trabajo. Por el lado de las políticas pasivas, considero, al igual que otros economistas, que la elevada cuantía del subsidio por desempleo actúa como un factor desincentivador de la búsqueda de trabajo, dado que es considerado como una renta que se obtiene durante dos años y no como una ayuda para encontrar trabajo. Es vital incrementar las restricciones para acceder a esta prestación, como por ejemplo, no rechazar un contrato de trabajo por cuestiones de mobilidad geográfica, otra rigidez importante en España. Esta medida por sí sóla no sería eficaz, pero sí si se toma junto con otras como incentivar el alquiler en detrimento de la propiedad, por ejemplo, creando un impuesto especial que gravase a aquellos segundos inmuebles de familias que estuvieran desocupados. Por otro lado, el gasto en bonificaciones a la contratación debería de ser reducido cuantiosamente para destinarlo a políticas de formación. Sin una formación adecuada será imposible llevar a cabo el cambio de modelo productivo del que tanto se hacen eco los políticos,... (...)

Sí, como habéis leído, propongo reducir la cuantía del subsidio por desempleo hasta el SMI en todos los casos con un incremento proporcional por persona al cargo (sería tener en cuenta si tienes hijos o ancianos de los que debas cuidar). Obviamente, el rechazo de un empleo no debería de conllevar de por sí la pérdida de la prestación, pues en muchos casos hay que tener en cuenta que, por ejemplo, el coste del desplazamiento puede hacer que no compense el trabajo, o que se gane menos dinero que el que se recibe por la prestación. Pero no nos engañemos, existe mucha gente cobrando en negro por trabajos mientras al mismo tiempo cuenta como desempleado y recibiendo la prestación correspondiente. Los estudios más fiables dicen que el paro real en España es alrededor de un 15%, con lo cual tendríamos aproximadamente unos 2 millones y pico de personas que estarían cobrando este subsidio al mismo tiempo que trabajan. Bajo mi punto de vista es inaceptable. Y con empleos en negro no me refiero a "bueno, corto el césped a los vecinos por 150 euros al mes".

Otra cuestión importante que debe de hacer una reforma laboral es desjudicializar los despidos. No es lógico que cuando un empresario despida a un trabajador opere una presunción de improcedencia y tenga que ser el empresario el que tenga que demostrar que el despido es procedente. Todos sabemos que la justicia en España es más lenta que en otros países del entorno, y los jueces, como venían haciendo hasta ahora con la antigua reforma del gobierno socialista, podrían bloquear la aplicación de la nueva reforma si se les otorgase una amplia discrecionalidad debido a la imprecisión de los términos del decreto ley. Todo esto supone una pérdida de flexibilidad y un problema para las empresas que debe de ser solucionado.


6. UNA REFORMA FINANCIERA QUE REACTIVE EL CRÉDITO.

Los españoles, tanto ciudadanos como empresas, están profundamente endeudados. Los procesos de desapalancamiento son duros y lentos, así que lo más importante es pasarlos cuanto antes. La sequía crediticia es tal es casi imposible conseguir financiación para un nuevo proyecto o idea, y aún en el caso de que se consiga, los intereses son abrumadores. El crédito es la sangre que fluye por la economía y lo que permite que la actividad crezca y se desarrolle. Prácticamente ninguna empresa se financia exclusivamente con fondos propios, de ahí que en muchas ocasiones un problema de liquidez resulte en un gran problema si no encuentras a alguien que te financie. 

El problema en España ya se ha explicado: los bancos tienen un montón de pisos en stock que no se atreven a sacar a la venta por miedo a que el precio caiga tanto que las pérdidas se hagan inasumibles. La reforma financiera de los sucesivos gobiernos socialista y popular lo único que han hecho al respecto es exigir a los bancos mayores provisiones. Esto quiere decir que si un banco gana 4000 millones de euros (por ejemplo, el Santander), deberá poner gran parte de ese beneficio para cubrir las posibles pérdidas del ladrillo. En ese sentido, estoy de acuerdo, dado que cuanto antes asuman las pérdidas del ladrillo y se quiten el problema de encima, antes podrán los bancos volver a dar crédito a empresas. En cuanto la banca ha empezado a rebajar los pisos un 50% las ventas se han disparado. Un dato esperanzador: en el primer semestre de 2012 se han vendido más viviendas que en todo 2011. Aún con todo, la exposición de la banca al ladrillo es más que considerable, y en cuanto se ultime la reforma del Fondo de Estabilidad Financiera Europeo, los bancos españoles deberían de acudir en masa a recapitalizarse directamente.

Sin embargo, si bien la banca se está deshaciendo con éxito del ladrillo, no se puede decir lo mismo del otro activo tóxico de actualidad: la deuda pública española. Esto es un problema añadido, y es que la banca está tremendamente vinculada al Estado. Dado que los bancos no se quieren arriesgar a prestar el dinero a particulares y empresas, lo que han venido haciendo desde el inicio de la crisis es invertir en deuda pública española, que era muy rentable. Sin embargo, aumentando su exposición al Estado, lo que ocurre es que si quiebra el Estado, quiebra inevitablemente la banca, porque el Estado dejaría de pagar la deuda. De la misma forma, si quiebra la banca, quebraría el Estado, porque no tendría a nadie que le financiase. De ahí que sea tan necesario reducir el déficit, pero también lo es que la banca deje de comprar deuda pública. Ello se conoce como el efecto crowding-out: las entidades financieras prestan dinero al Estado en vez de al sector privado. El rescate de las cajas de ahorros debe de servir para reducir parte de esta exposición, saneándolas. Durante las dos barras libres de liquidez que proporcionó el BCE a las entidades financieras europeas a principios de 2012, la banca española acudió en masa, financiándose al 1% para después metiendo el dinero en deuda pública al 6%, lo que se puede denominar como el clásico de "jugada redonda". Sin embargo, esto lo único que hace es que la banca se convierta en un riesgo sistémico. Por lo tanto es necesario tomar medidas para fomentar que el crédito fluya a las empresas: 1) que el Estado subvencione parte de los créditos para empresas solventes y para proyectos innovadores, 2) fusionar entidades malas con entidades buenas, y no malas con malas; 3) establecer comisiones extra a las entidades bancarias nacionales que acudan a las subastas del tesoro; 4) condicionar las ayudas públicas a un mayor préstamo a empresas; 5) crear organismos públicos que financien a empresas exportadoras,...

Si conseguimos que se mejore la financiación a proyectos innovadores o dedicados a la exportación estaremos incentivando claramente y con muchas probabilidades de éxito el cambio del modelo productivo español. Ello implicaría mantener las condiciones actuales para empresas que sigan con las actividades tradicionales y que aporten poco contenido innovador, de tal forma que si una persona quisiera obtener una financiación holgada para su proyecto empresarial deberá necesariamente de esforzarse en que su idea ofrezca algo nuevo y que existan probabilidades de éxito.

Una vez más, se me ha hecho tarde, así que voy a dejarlo aquí por hoy. Pero,

CONTINUARÁ...

Os espero a todos y todas en "Cómo salir de esta crisis (IV)"!

jueves, 26 de julio de 2012

Cómo salir de esta crisis (II)


Buenas noches, queridos lectores!

Después de haber dormido unas 4 horas aproximadamente (al final me levanté a las 8 y llegué una hora tarde a clase...), haber estado una hora y media en el metro y caminando para ir y volver de la escuela, y después de haber tenido 3 intensas horas de clase, vuelvo a retomar el hilo donde lo dejé. Me está quedando una entrada bastante larga, pero bueno, las cosas o se hacen bien o mejor no se hacen. Sin más dilaciones, vuelvo a la carga.

El punto número 2 de la primera entrada podría ser ampliado introduciendo muchos más detalles. No quiero aburriros con eso publicando cifras y datos, pero os aseguro que se podría reducir gran parte del gasto aplicando medidas de ese tipo sin tener que tocar las pensiones, el subsidio por desempleo, la educación o la I+D+i. Pero bueno, tampoco quiero que me toméis por un impresentable que se inventa las cosas. Podéis comprobarlo en las estadísticas oficiales, en el año 2010 el Estado (ojo, que digo Estado, no incluyamos a CCAA ni a entes locales) gastó el 36 % del PIB, aproximadamente 350.000 millones de euros. Una cantidad considerable, ¿no os parece? Pues bien, de esos 350.000 millones, 108.000 millones correspondían a pensiones, 30.000 millones a la prestación por desempleo, 3.000 millones a la educación (sin tener en cuenta lo que gastan las CCAA, dado que la competencia está descentralizada), y 9.000 millones a la I+D+i (civil y militar, la segunda cifra más alta en % sobre el PIB que ha llegado el Estado español a gastar en esa partida). Es decir, de las partidas que yo considero como "intocables" tenemos que ascienden a 150.000 millones de euros, lo que nos dejaría unos 200.000 millones para recortar. El caso es que las CCAA y los entes locales seguramente habrán gastado tranquilamente unos 80.000 millones más durante ese año, y el déficit público supuso 93.000 millones. A ello habría que restarle el gasto autonómico en educación, que ascendió en ese año a 46.000 millones. Es decir, que tendríamos 233.000 millones de euros en gastos que deberíamos de reducir en un 40% para acabar con todo el déficit, y todo esto sin necesidad de tocar las pensiones, la educación, el subsidio del paro o la I+D+i. Teniendo en cuenta que Bruselas -Alemania- nos permite tener un déficit del 3%, el gasto a reducir en dos años sería un 26% de ese "gasto recortable", en cantidades absolutas serían unos 63.000 euros.


Ahora bien, "gasto recortable" no quiere decir "gasto prescindible". Obviamente hay que pagar a los empleados públicos, hay que gastar en sanidad, ... Pero, como ya dije, empleados públicos sobran a patadas. Salió hace poco tiempo un estudio en el que se decía que España es el país con más políticos per capita, que ocupan aproximadamente unos 400.000 puestos en total. El estudio se puede encontrar fácilmente por internet con todos los puestos desglosados por si a alguien le interesa. Las cifras más llamativas son las de "políticos empleados en empresas públicas o con participación estatal" (120.000 personas), "concejales" (66.000 personas), "sindicalistas liberados" (65.000 personas), "políticos contratados como cargos de confianza" (40.000 personas) y "patronales" (31.000 personas). Y estos son "políticos empleados en el Sector Público", ojo, no se habla de FUNCIONARIOS. Tenemos 300.000 más que en Alemania (país con el doble de población), y el doble que en Italia y Francia. Es decir, con que estas personas cobrasen 1000 euros al mes de media (unos 14.000 € al año más o menos), si redujéramos el número de estos puestos remunerados a una proporción similar a la alemana, deberíamos tener únicamente 50.000, con lo cual nos ahorraríamos al año la friolera de 5.000 millones de euros (y eso suponiendo que cobren de media 1000 euros mensuales, ja, a ver quién se cree eso). Por poner otro ejemplo, en el 2010 el gasto total en Defensa, sin incluir la I+D militar (que es otra de las partidas irrecortables), ascendió a 7.000 millones. ¿De verdad necesitamos un ejército tan caro? Otro ejemplo, en el mismo año el montante de ayudas destinadas al fomento del empleo (por ejemplo, dar 1000 euros por cada nuevo trabajador que se contrate) fueron de 8.000 millones de euros. ¿Han servido para algo? La respuesta es obvia. Ningún empresario va a contratar más por el simple hecho de que le den 1000 euros por trabajador si prevé que la demanda se va a contraer y que van a disminuir las ventas. Sin embargo, al Estado le cuesta el 12% de lo que deberíamos recortar para cumplir con Bruselas. 


No me explayo más sobre este tema. CONCLUSIÓN: Está demostrado que es posible recortar el déficit sin tocar los servicios e inversiones básicas.


3. REALIZAR UNA DEVALUACIÓN FISCAL QUE PERMITA CORREGIR EL DÉFICIT COMERCIAL.


Una devaluación fiscal consiste en dos cosas que se realizan de forma simultánea: un aumento del IVA con una bajada en las cotizaciones sociales. ¿Para qué sirve esto? Como bien dice su nombre, para obtener los mismos efectos que una devaluación del tipo de cambio sin tener que tocar el tipo de cambio. España no controla su política monetaria, por lo tanto no puede intervenir en los mercados internacionales para debilitar al euro y que ésto traiga como consecuencia un aumento de las exportaciones y una disminución de las importaciones. Pero tenemos la opción de la devaluación fiscal para conseguir los mismos efectos. ¿Cómo funciona? Sencillo, si aumentas el IVA en principio estás haciendo que los precios de los productos se encarezcan y que la gente consuma menos, pero, si al mismo tiempo rebajas las cotizaciones sociales de forma que los empresarios compensen la pérdida de margen por aumento del IVA con una reducción considerable en sus costes laborales, el precio final de los productos nacionales no se verá afectado. Sólo los nacionales claro, porque los productos nacionales son los que se producen con mano de obra nacional. Por lo tanto los productos importados sufrirían la subida del IVA sin una rebaja de sus costes de producción, con lo cual las importaciones disminuirían y, al mismo tiempo las empresas españolas exportadoras podrían vender más en el exterior debido a que no se verían afectadas por la subida del IVA en España, pero sí por la disminución de sus costes salariales. Y, lo más importante, no supondría una reducción de ingresos para el Estado, porque la rebaja en las cotizaciones sociales se vería compensada por un aumento en la recaudación por IVA. Es una buena idea, ¿no?

Y ahora saltará el que se acuerda de mi anterior post sobre los efectos de salirse del euro y se llevará las manos a la cabeza diciendo "¡Pero si te estás contradiciendo, dijiste que la devaluación del tipo de cambio no serviría para nada debido a que nuestro país es un país importador!". Pues no, amigos míos, no me estoy contradiciendo. Al actuar sobre el tipo de cambio estás haciéndolo tanto para bien como para mal: los productos que tú vendes en el exterior son más competitivos, pero se vuelve más cara la materia prima. En el caso de la devaluación fiscal eso no pasa. El motivo es simple. Cualquiera razonaría, "el IVA encarece las importaciones, por lo tanto también encarece las materias primas". Craso error. El IVA es un impuesto que no pagan las empresas, lo pagan los consumidores, por lo tanto no afecta en teoría a sus costes de producción. Digo en teoría, porque si aumenta el IVA, los consumidores compran menos. Sí, pero es que en este caso, ese problema ya se está solucionando con la rebaja en las cotizaciones sociales. Por lo tanto, si la empresa genera valor añadido en España, no supone un incremento de los costes de producción que hicieran inútil la devaluación.

4. POLÍTICAS AGRESIVAS DE CARA A LA I+D+i, AL EMPRENDIMIENTO Y REFORMA EDUCATIVA EN PROFUNDIDAD.

El tan aclamado cambio productivo no se puede producir sin dar este paso. Desafortunadamente la casta de políticos no piensa lo mismo y por eso todos los años reduce la partida destinada a estas actividades. Vamos a ver, en el mundo tenemos dos tipos de países: los que compiten en precios, y los que compiten en diferenciación/innovación.

Los primeros son aquellos países normalmente con mano de obra muy barata que permite producir productos de escaso componente tecnológico de forma muy barata. España durante los 60, 70 y 80 basó su modelo en producir mucho y barato. Pero los salarios actuales no pueden competir con los de otros países emergentes o en vías de desarrollo. Por lo tanto para poder crecer hay que ser líderes en otra cosa, en innovación. El segundo tipo de país al que hice referencia es el prototipo que cualquier país desarrollado sigue: las exportaciones de productos de alta tecnología corresponde a un 50% del total de exportaciones en Alemania, un 30% en Francia y un 5% en España. ¿Qué pretendemos, hacernos ricos vendiendo los mismos zapatos y paraguas que hace 30 años?

No, lo que hay que hacer es apostar fuertemente por la tecnología y el desarrollo de la sociedad de la innovación. Durante la crisis, la mayoría de los países de nuestro entorno declararon a la inversión en I+D+i una prioridad nacional. En España la prioridad nacional fue dar ayudas a la pavimentación de aceras. ¿Nos sorprende acaso que nuestro sector exportador sea una minucia y que no consigamos crecer? El porcentaje de PIB dedidado a estas actividades en España nunca ha superado el 1.5% (primordialmente tirando para arriba Madrid, Euskadi y Cataluña, que concentrarían el 70% de la inversión en I+D), mientras que en Alemania se gasta el 2,7%.

Las políticas con respecto a la inversión en I+D deben de aumentar de forma constante y no verse afectadas por los recortes. Ahora más que nunca se necesita incentivar el sentimiento innovador. Pero también hay que incentivar a las empresas privadas a hacerlo. La mejor solución es adoptar una serie de incentivos fiscales agresivos para aquellas empresas que dediquen más del 15%-20% de su beneficio a estas actividades, y para aquellas empresas cuya actividad principal sea el desarrollo de productos de contenido tecnológico. Para generar sinergias también es importantísimo generar relaciones estables entre la empresa privada y la universidad, potenciar los centros públicos mediante una serie de controles de calidad que eviten que estos recursos se malgasten en actividades poco productivas.

De nada sirve invertir en I+D si lo que desean los ciudadanos es ser funcionarios y tener un sueldo fijo. La riqueza la crea principalmente el sector privado, por lo que es necesario potenciar el escaso espíritu emprendedor de la sociedad española. Esto se consigue desde la educación, desde enseñar a la gente que los errores no son fracasos si no que son procesos de aprendizaje, y dejar de promocionar la figura del empresario como ente avaro y calculador. Las medidas que propongo para esto son: aumento de programas públicos de colaboración entre el Estado y la financiación de nuevos proyectos empresariales; incentivos fiscales a entidades financieras que se comprometan a esponsorizar a este tipo de jóvenes empresarios; aumento de concursos públicos entre estudiantes tanto de educación obligatoria como universitarios para fomentar la creatividad empresarial; potenciar y promocionar la alternativa de la formación profesional en detrimento de la universidad,... etc.

La reforma educativa viene ligada con lo anterior. La educación en España es deficiente, pero no sólo la educación primaria, secundaria y obligatoria, si no también la universitaria. La inversión en educación debería de aumentar para incidir en los siguientes puntos, entre otros:

-Incremento de clases prácticas en detrimento de clases teóricas: la educación teórica en España no es mala, pero se centra significativamente en la memorización y no en la enseñanza de procesos de resolución de problemas. Es importante la memorización y el estudio, pero también lo es que los alumnos encuentren una aplicación fundamentalmente práctica a lo que ellos estudian. En países anglosajones los exámenes suelen ser menos densos y la evaluación se suele centrar más en actividades prácticas. La diferencia de resultados está a la vista.
-Enfoque en la enseñanza de idiomas como vehículo para la internacionalización posterior: los españoles son los europeos que menos idiomas extranjeros hablan. Esto está profundamente relacionado con lo anterior, mientras aquí la enseñanza se centra en la gramática y el vocabulario, en otros países la educación se esfuerza por fomentar el entendimiento práctico mediante programas de intercambio, clases interactivas,...etc. El inglés es la asignatura pendiente de los españoles, pero no deja de ser menos importante el estudio de otras lenguas, en mi opinión el portugués (dada la cercanía cultural y el boom de los países lusófonos) y el chino (las razones son obvias).
-El refuerzo de la autoridad y el prestigio del profesor: La disciplina también es un elemento importante en la educación, tal y como demuestran los países con los mejores sistemas educativos del mundo (Finlandia, Corea del Sur,...etc). Es necesario que los alumnos no estén tan protegidos frente al poder coercitivo del profesor y también es igualmente necesario proveer a los maestros de los medios para saber actuar (fomento de cursos de preparación sobre pedagogía, etc).
-El incremento de la exigencia mínima para poder estudiar: No se puede pretender que todos los estudiantes saquen buenas notas y puedan acceder a la universidad. Es necesario para ello fomentar otras alternativas, sobretodo la Formación Profesional de calidad. Gran problema de España es que existen multitud de "lisensiados" pero con escasos conocimientos, aptitudes e interés por la carrera que han estudiado. La formación universitaria es cara, y el sistema debe de poder establecer claros incentivos para que no lo consuma quién no va a poner un mínimo de esfuerzo y ganas.
-Conversión de las universidades en fundaciones privadas sin ánimo de lucro: gran parte del problema de las universidades españolas es que su estructura burocrática no les permite alcanzar la excelencia en muchos casos. No se debe a la falta de profesionales, y prueba de ello es que las mejores escuelas de negocios privadas del mundo se encuentran en nuestro país; sin embargo, la gestión colectiva lleva a que se tomen en muchas ocasiones decisiones irracionales por anteponer los intereses individuales a los generales. Es completamente necesario establecer una estructura jerárquica con unas relaciones claras que permitan tomar las decisiones necesarias para racionalizar la universidad. Diversos estudios demuestran que las entidades fundacionales privadas sin ánimo de lucro son la mejor opción para conseguir que todo el personal de las universidades sea eficiente. El Estado debería subvencionar, no los centros en sí, si no directamente a los alumnos, pudiendo éstos escoger en qué centro estudiar para fomentar la competencia entre las diferentes universidades.
-Cierre de carreras en universidades que no cuenten con suficientes alumnos matriculados: Existen diversas carreras poco demandadas cuyas aulas son rara vez ocupadas al 100% de su capacidad. Ello genera problemas de despilfarro de recursos, pues no supone ningún perjuicio para los alumnos concentrar dichas titulaciones en diversos puntos geográficos siempre que cuenten con becas y/o instalaciones públicas tales como residencias, comedores, etc.

Por hoy ya me he cansado, pero,

CONTINUARÁ...

Igual que antes, disculpad erratas y demás meteduras de pata al escribir.

Recibid todos un cordial saludo.

miércoles, 25 de julio de 2012

Cómo salir de esta crisis (I)

Buenos días, blogueros!

Sé que dejé este tema aparcado durante bastantes meses, pero una vez más me dispongo a dejar una entrada con una de mis reflexiones sobre economía, que últimamente (por desgracia) está muy de moda.

Veréis, este verano no me encuentro en Europa, y por lo tanto en estos momentos se supone que debería estar durmiendo... Sin embargo, y a pesar de ser aquí la 1:34 de la madrugada, y de tener que levantarme a las 7:26 para ducharme e ir a clase, no podía conciliar el sueño. No es que la prima de riesgo me quite el sueño, pero bueno, ya sabéis, son esos momentos en los que uno no puede dormir y su mente se pone de forma automática a divagar sobre temas que trascienden más allá de lo común. Y así andaba yo cuando se me encendió una luz en mi cabecita: "Oye, ya que estamos, en vez de perder el tiempo, ¿por qué no nos ponemos a escribir algo sobre los últimos acontecimientos económicos que se han ido sucediendo en Europa  y, más concretamente, en España?". Pues aquí estoy, otra vez, dispuesto a aburriros, indignaros o entusiasmaros. Cualquier cosa me vale, excepto dejaros indiferentes. ¿Por qué? Bueno, creo que la gravedad de la situación debería de hacernos reflexionar a todos, aunque sea un poco.

No voy a mentiros, no soy como don Mariano ni su panda de borregos, voy a deciros exactamente lo que pienso: estamos jodidos. Pero bien, bien jodidos. Creo que mi opinión no debería de sorprenderos si habéis leído las dos anteriores entradas. Lo veía venir desde hacía más de un año (aunque en realidad, ¿quién no? excepto la ceja y el de las "sh"). A lo que me refiero con "jodidos" (perdonadme la expresión, por cierto) es a que en los próximos años vamos a vivir peor -si cabe-, vamos a perder más soberanía -si cabe-, y vamos a perder más presencia e influencia internacional -si cabe-. Pero sobretodo, vamos a vivir peor, que, en el fondo, es a lo que a todos nos importa de verdad. Lo de la soberanía y la influencia a todos nos resbala un poco, ya sabéis, pero no deja de ser algo del todo trivial. Intentaré explicarlo lo mejor que pueda.

Vamos a ver, como dice un amigo mío, "comencemos por el comienzo", o por el origen del problema, o por como queráis llamarlo. España tiene un gran problema de deuda. No es que la deuda de nuestras Administraciones Públicas sea excesivamente elevada -que lo es-, en comparación con los países de nuestro entorno salimos ganando: un 70% aprox. de PIB, frente al 130% de Grecia, 125% de Italia, 110% de Portugal, o -tachán tachán- 80% de Alemania. Sí señores, Alemania tiene tanto relativa como absolutamente más deuda que el Estado Español.¿Dónde está el problema? Supongo que ya sabréis la respuesta: el déficit. A grosso modo, podemos definir el déficit público como la diferencia entre el total de ingresos menos gastos de un ejercicio (año económico) del conjunto de las Administraciones Públicas. Es decir, el déficit público viene a ser el dato que nos muestra, en términos monetarios, el incremento de la deuda pública de un país, por lo tanto, si al contrario tienes superávit, el país en cuestión está reduciendo su deuda pública. Para simplificar el dato, se suele mostrar como % sobre el PIB del total de la economía de un país. Aunque todo esto tiene matizaciones (¿qué no lo tiene en economía?), podemos darlo por válido para lo que nos concierne. Pues señoras y señores, en España el gran PROBLEMA con mayúsculas es que desde el inicio de la crisis el déficit está desbocado, lo cual implica que nuestra deuda está creciendo a pasos agigantados. El dato más gráfico que puedo mostraros es el siguiente: en el 2007, el porcentaje de deuda pública sobre el PIB era del 36% aprox. Cinco años más tarde, en el 2012, tenemos una deuda del 70%. Es decir, casi la duplicamos. Y eso es un problema. Tener una deuda elevada pinta muy mal ante los ojos de los inversores, pero pinta aún peor el hecho de que el país, después de 3 años, sea claramente INCAPAZ de reducir el déficit de forma considerable (11% en 2009, 9.2% en 2010 y 8.5% en 2011, apenas 2.5 puntos porcentuales en 2 años). Amigos, Grecia -sí, como lo leéis- ha reducido en 2 años su déficit de 16% del PIB al 9%, vamos, más del doble que nosotros. Claro que los griegos partían de una situación peor, pero no deja de ser un esfuerzo increíble teniendo en cuenta que son los apestados a nivel internacional.

Vale, ahora que hemos asentado el origen del problema, viene la irremediable explicación. ¿Por qué en los 2000 eramos los campeones de Europa con las cuentas públicas mejor saneadas y ahora ya no? La respuesta es obvia: el boom del ladrillo. España nunca había tenido una moneda fuerte antes de entrar en el euro, lo cual se traducía en tipos de interés muy altos. Sin embargo, la entrada en el euro todo lo cambió. Al tener una moneda que rivalizara con el dólar, los tipos de interés nominales armonizados con el resto de la Eurozona hizo que si antes una persona tenía que financiar un crédito al 10%, ahora lo podía financiar al 2%.  El BCE actuó con una política de tipos de interés expansiva debido a que Alemania y los demás países centroeuropeos estaban al borde de la recesión debido al estallido de la crisis de las puntocom (la burbuja de las compañías relacionadas con internet). En España tal crisis no se había notado demasiado, y el resultado fue que el país entero se lanzó a endeudarse gracias a los tipos tan bajos que operaban en el mercado. Las leyes impulsoras de la liberalización del suelo hicieron el resto. España empezó a crecer a ritmos vertiginosos, llevando a nuestra economía a lo más alto de Europa e incluso rivalizando con la ahora todopoderosa Alemania. Sí, así era. Periódicos como Der Spiegel vaticinaban que España superaría a Alemania en renta per cápita en el 2011 (sucedió con Italia y vimos como se puso el presidente de aquel entonces, llamando fracasada a Merkel y diciendo que el próximo objetivo era Francia, olé tus huevos, así es la diplomacia española... aunque viendo las últimas declaraciones de Margallo casi hasta se le echa de menos, en fin). ¿Por donde iba? Ah sí, el boom. Ello se tradujo en un aumento del PIB que llevó consigo a una mayor recaudación pública, consiguiendo las Administraciones Públicas superávits durante diversos años, y reduciendo el montante de la deuda. España iba bien, y entonces ZP proclamó su famosa bajada de impuestos "de izquierdas"... cuando se debería haber hecho todo lo contrario. La economía estaba creciendo de forma desequilibrada, con un sector de la construcción que tiraba de la locomotora de forma artificial, mientras la productividad del trabajo se iba deteriorando. Una subida de impuestos en época de bonanza habría preparado a la economía para momentos como los actuales. Ahora, una subida de impuestos significa una caída grave en el consumo, y mayor contracción económica. Al mismo tiempo, el gasto público iba aumentando, que, gracias al aumento de la recaudación, se podía disimular. Pero, tal y como había vaticinado el Wall Street Journal en el 2006, el estallido de la burbuja inmobiliaria supuso el fin del crecimiento, sin ningún otro sector que pudiera tirar del carro. En el 2008 y siguientes, la economía española se contrajo duramente, los precios de la vivienda cayeron, el sector de la construcción entró en una lenta agonía, la gente perdió sus trabajos, los bancos se fueron quedando con un montón de pisos en balance que ya no valían ni siquiera el valor de la hipoteca que recaía sobre los mismos,... y los ingresos del sector público cayeron como nunca habían hecho, dando lugar a un déficit público del 11.5% del PIB. Desde entonces, oh sí, las exportaciones han aumentado y tal. Pero en un país tradicionalmente importador, con el mayor déficit comercial del mundo después de EEUU, el sector exterior todavía no supone un verdadero sustituto de la construcción, ni se espera que lo sea en los próximos años. Así las cosas, el sector público español -si bien inferior en % sobre el PIB si lo comparamos con los países de nuestro entorno- estaba y está sobredimensionado. Y por lo tanto crece nuestra deuda pública. Pero, en cambio, la economía y los ingresos públicos no crecen. ¿Cómo vamos entonces a pagar la deuda?

Me diréis "vale, ya sé que eso del sector de la construcción y el boom y tal, pero, la construcción ahora es del 8% del PIB, ya se está corrigiendo el desajuste, el turismo funciona, las exportaciones van bien... ¿por qué no crecemos?". Bien, pues como ya dije, España es un país profundamente importador. Significa esto que compramos más al exterior de lo que le vendemos. Ergo, estamos consumiendo más de lo que producimos. Elemental, mi querido Watson (menuda mierda de frase). Siendo como somos, país con una balanza comercial deficitaria, nuestro crecimiento económico se basa profundamente en el consumo. Esto es sencillo de explicar: si consumimos más, las empresas producen y venden más; si venden más, somos más ricos; si somos más ricos, consumimos más; si consumimos más, las empresas venden más;... y así hasta el infinito y más allá. Los países exportadores se basan también en su consumo interno, pero las exportaciones (o sea, el consumo externo) también es muy relevante. Si en Alemania, por ejemplo, la demanda interna está débil, pueden salvarse y reactivar su crecimiento exportando sus productos a los países cuya economía va bien. España no puede hacer lo mismo (está empezando sí, pero aún le queda mucho camino por delante). Esto significa que en España o la gente empieza a consumir, o no salimos de ésta. Pero la gente ¡no puede consumir más! Principalmente porque durante el boom no sólo fue el sector público el que empezó a consumir más, si no que fueron los propios ciudadanos. Sí señores, os acordaréis de aquellos préstamos superchachis que os ofrecía día sí y día también vuestro empleado de confianza de la sucursal bancaria de la esquina. Préstamos para comprarse una casa, y ya de paso, cambiar el coche, irse de viaje a las Bermudas, cambiar los muebles, hacerse el bótox,... yo que sé. Mucha gente fue sensata y les dio puerta, pero otros muchos picaron. Y no porque fueran avaros, si no porque la vivienda es una necesidad, y en aquellos momentos estaba por las nubes. Hipotecas a 30 años, etc. El caso es que, como ciudadanos y como empresas, nos endeudamos. Tanto que ahora mismo tenemos la segunda mayor deuda privada del mundo. Pero ahora ya no tenemos trabajo. No tenemos dinero. ¿Cómo la pagamos? Pues está claro: reduciendo el consumo. A estos procesos se les llama en economía "desapalancamientos". El nuestro será muy duro. En estos últimos años la proporción de gasto familiar dedicado a COMER, sí, COMER, necesario para vivir, ha DISMINUIDO. Es un dato muy significativo. No podemos irnos de viaje, no podemos comprar chuches, ... ¿cómo se supone que vamos entonces a generar crecimiento económico? Y aún por encima viene Marianico y nos sube el IRPF, el IVA, y la madre que lo parió. Dentro de poco se inventarán impuestos sobre alguna chorrada del estilo "impuesto sobre la incapacidad para el desarrollo de la actividad física en el ámbito doméstico" que grave la compra de mandos a distancia de la televisión. Si claro, ¿me dicen ustedes, señores y señoras del Partido Popular, quién coño va a consumir algo? En fin, me estoy yendo del tema.

Conclusión: La economía, cuesta abajo, de culo y sin frenos; la deuda pública aumentando tanto que se va, como diría mi primer profesor de microeconomía, a tomarporelculo.com; los inversores internacionales que no nos prestan pasta porque no ven forma de que se la devolvamos; las familias y empresas reducen el consumo porque están endeudados hasta las trancas, y las exportaciones no sirven para tirar del carro porque todavía son insignificantes. Estamos jodidos. O, en otras palabras que se han puesto de moda recientemente: Nos vamos al guano (esto viene por un diario internacional, creo que fue el Financial Times, que se equivocó, es posible que de forma intencionada, al escribir el nombre de nuestro querido ministro excorruptódromo de los Hermanos Lehman, que en vez de poner "De Guindos" puso "De Guanos". Hilarante, ¿no creéis?).

Y ahora queda la segunda irremediable pregunta: ¿Es esto el Apocalipsis? Pues no. No, no y no. Vamos a ver, durante los 80 y 90 los países latinoamericanos sufrieron crisis fiscales similares y, vuelven a estar otra vez en la senda del crecimiento. Bueno, después de 20 años, eso sí. Una década perdida es imposible de evitar para España. Llevamos ya 5 años de crisis y se prolongará otros 3 o 4 como mínimo. Pero se pueden tomar medidas para salir de ésta. Son medidas un tanto dolorosas, sí, pero no queda más remedio. Como esta entrada se titula "Cómo salir de la crisis", intentaré cambiar un poco el tono y ser más optimista. Voy a explicaros mis propuestas sobre cómo salir de la crisis. Vale, soy un simple estudiante, ¡se aceptan las críticas pero con moderación eh! Vamos allá:

1. PERMANECER EN EL EURO (SI SOBREVIVE) CUESTE LO QUE CUESTE.

Como leéis. Últimamente está creciendo el número de personas que verían favorable una salida del euro para relanzar nuestra economía, y algunos diarios tanto internacionales como nacionales así lo intentan hacer ver. Pero NO, señores, es una decisión terriblemente mala. La salida del euro retrasaría aún más la salida de la crisis, y ello se debe a varias razones.

En primer lugar, la deuda de los españoles está nominada en euros. Eso significa que la vuelta a la peseta no implicaría que las deudas se cambiasen a pesetas automáticamente. Es decir, que si tú debes 1 euro, con la vuelta a la peseta no deberías 166 pesetas. No. El tipo de cambio euro-peseta es ese, 166, pero el tipo de cambio real al que hoy estaríamos si España no hubiera entrado en el euro sería un 50% mayor. Es decir, que si volviéramos a la peseta, ésta se depreciaría al menos un 50%, lo que vendría a ser que si tú debes 1 euro, ahora no deberías 166 pesetas, si no que deberías 250 pesetas, eso sí, cobrando un sueldo en pesetas convertido por la tasa de cambio de 166. Vamos, que tus deudas aumentarían un 50%. Si tenemos en cuenta que este país está profundamente endeudado y ello es causa de la contracción del consumo y de la recesión económica, salir del euro, de primeras, agravaría aún más la situación, haciendo que el proceso de desapalancamiento fuera más lento. Claro, alguien podrá pensar "bueno, pues no pagamos, y punto". Es una opción, pero muy arriesgada. Argentina lo hizo hace una década y aún hoy por hoy nadie le presta dinero si no es a un tipo de interés muy elevado.

En segundo lugar, está la falacia de que la depreciación del tipo de cambio mejoraría nuestra balanza comercial y aumentaría nuestras exportaciones. Es falso. Esto se da en países con grandes recursos naturales propios, pero no en el nuestro, que es gran importador de productos semielaborados y materias primas. La razón es sencilla, venderíamos más en el exterior, pero también se encarecerían nuestras importaciones, por lo tanto, las empresas verían como el aumento de ventas se compensaría por un aumento de sus costes de producción. Resultado: que la competitividad seguiría igual. Sí claro, los salarios, parte importante de los costes de producción, no se verían afectados. Pero, repito, somos un país importador de materias primas, sobretodo de energía. La tasa de cobertura de nuestra economía es del 83%, ello significa que de 83 euros que vendemos en el exterior, compramos 100 euros al exterior. Y el motivo de ello es que esos 13 euros de diferencia corresponden en un 90% al petróleo, y demás materias primas. Es decir, que sí, la competitividad de la economía sería mayor por una caída de los costes laborales, PERO, no sería suficiente dado que se vería limitada por un aumento del nivel de precios de importación.

En tercer lugar, al recuperar nuestra política monetaria, es probable que para pagar la deuda y no entrar en suspensión de pagos, el Banco de España imprimiera billetes a toda pastilla, generando hiperinflación y deteriorando aún más el tipo de cambio. Creo que no hace falta seguir explicando, ¿no?

2. REDUCIR EL DÉFICIT POR VÍA DE REDUCCIÓN DE GASTO Y NO AUMENTO DE INGRESOS.

Bien, este punto puede ser más controvertido aún. Como ya he dicho antes, nuestro Sector Público está sobredimensionado para lo que nuestra economía se puede permitir. Ello se debe a que los gastos durante los 2000 se dispararon a consecuencia del aumento de ingresos. Se sigue despilfarrando en nuestro país, y por ello hemos de cortar el gastos. ¿Por qué no debemos aumentar los impuestos? Pues por lo de antes, porque ello afecta al consumo tanto de hogares como de empresas, contrayéndolo. Veamos, pongamos un ejemplo, si con el impuesto I al 19% recaudas 1000 es muy probable que si lo subes al 23% recaudes lo mismo, o menos. Esto se debe a que el consumo se está contrayendo. Si aumentan los impuestos, consumes menos, por lo tanto, compras menos; si compras menos, las empresas ingresan menos; si ingresan menos, la cuantía ingresada por las AAPP en concepto de impuestos se reduce. Por ello una subida de impuestos es siempre perjudicial para la economía, y, por otro lado, no garantiza que se vaya a recaudar más.

El gasto en cambio genera menos perjuicios a la actividad económica. La productividad empresarial privada es mucho más elevada que la productividad empresarial pública, por lo que un euro invertido por el sector privado genera, por lo general, más ganancias que un euro invertido por el sector público. Por ello, al no incidir directamente sobre el beneficio empresarial, se produce una mayor recaudación sin que se tenga que poner en peligro a la economía. Y recalco, sin que se tenga que poner en peligro a la economía. Ello dependerá de qué tipo de gastos se recortan. Y es precisamente el gasto improductivo el que supone un menor perjuicio.

Vale, ¿pero qué es el gasto improductivo? Es aquel que no genera ningún beneficio, ni directo ni indirecto. Vamos a ver. Es fácil de entender. El dinero recaudado por el Sector Público viene de los contribuyentes, de los ciudadanos y de las empresas, con lo cual, cuando recauda los impuestos, el Sector Público está privando a los ciudadanos y empresas de poder usar parte de sus ingresos para consumir/invertir. Si el Sector Público decide coger ese dinero y dárselo a un tipo que está contratado como asesor de X ministro/alcalde/etc pero cuya labor se reduce prácticamente a nada, y su valor añadido es por lo tanto nada (porque ya me diréis que valor añadido genera un asesor cuando tienes otros 999, tiene que ver con el concepto de utilidad marginal y tal), entonces, el gasto del sector público es improductivo. No ha generado valor añadido. Se ha limitado a cambiarlo de manos, a hacer una redistribución (una redistribución injusta a mi parecer). Pasa lo mismo con las pensiones y los subsidios por desempleo: tienen una eficacia meramente redistributiva. En cambio, el gasto en pensiones y el gasto en subsidios por desempleo sí generan valor añadido indirecto: cohesión social, disminución de la pobreza, menor conflictividad territorial,...etc. Son gastos redistributivos pero importantes y que tocarlos sería tener a toda la opinión pública de tu contra, lo cual nunca es bueno. Parones, huelgas,... todo eso afecta a la economía. Y eso sin mencionar el tema de la moral, o de la justicia: parece justo que un anciano reciba una pensión para poder vivir, en cambio, parece injusto que un asesor cobre 2000 euros más dietas por no hacer nada.

Después tenemos los gastos productivos, que son aquellos que generan beneficios directos en la sociedad. Gastar en mantenimiento de la red viaria o gastar en educación es importante, debido a las externalidades positivas. Si mantienes las comunicaciones terrestres mejorarás el comercio y el tráfico económico entre dos regiones, si gastas en educación obtendrás mejor y más preparados ciudadanos para que el día de mañana tengan empleos cualificados que tributen más. Los gastos productivos se suelen denominar inversiones, porque a largo plazo generan beneficios directos.

Entre los gastos públicos productivos podemos distinguir como principales: educación, I+D+i, inversiones ferroviarias, funcionarios de la Administración... etc. En los gastos públicos redistributivos, con beneficios indirectos, podemos distinguir: sanidad, pensiones, prestación por desempleo,...etc.

Pues bien, el gasto improductivo en nuestro país está disparado: duplicidades, organismos públicos prescindibles, empleados públicos innecesarios,... Estos son, señores, los gastos que debemos cortar. Y, así, a bote pronto, se me ocurre que esto se manifiesta en, por ejemplo: 1) Eliminación de diputaciones provinciales, 2) fusión de ayuntamientos, 3) liquidación de corporaciones públicas y de duplicidades administrativas, 4) Eliminación de subvenciones ideológicas (partidos políticos, sindicatos, asociaciones de empresarios, Iglesia y demás organizaciones religiosas...), 5) Eliminación de puestos públicos políticos (asesores y tal), 6) Ahorro en Defensa todo lo que no tenga que ver con la inversión en I+D (fuera de Afganistán, etc); 7) Disminución drástica de la ayuda al desarrollo; 8) Eliminación del Senado; 9) Reducción de los gastos de la Corona; 10) Reducción de sueldos políticos; 11) Subasta de la mayoría de los coches oficiales; 12) Reducción de sueldos de funcionarios que ingresen en términos netos más de 40.000 euros anuales; 13) Eliminación de la Sanidad Universal para aquellas rentas que superen los 100.000 euros anuales;...

Todo eso y más se puede recortar sin afectar gravemente a la economía del país. Es, repito, gasto improductivo (¿para qué necesita una persona que genera más de 100.000 euros anuales netos la sanidad universal si perfectamente puede pagar un seguro privado?). Pero la reducción del gasto público no es lo único necesario, hay que incrementar los ingresos. Sin embargo, a ello se refieren las siguientes medidas que propongo, que van encaminadas a la generación de riqueza y al crecimiento económico.


 CONTINUARÁ...

Si, queridos lectores, se me ha hecho tardísimo. Me han dado las 4 menos 10 de la madrugada y me levanto en 3 horas y media, así que me disculparéis que siga mañana. Por lo pronto podéis saber por donde voy simplemente con leer esta entrada. Me ha salido un poco larga, pero bueno, éche o que hai.

Seguramente haya algunas erratas, disculpadme por eso porque lo he escrito bastante rápido. Mañana le hecho un vistazo para corregirlo.

En fin, BUENAS NOCHES!

lunes, 30 de mayo de 2011

Por qué el extremismo nos llevaría a la ruina.


17-Mayo-2011
El domingo pasado bajé a una manifestación convocada por "Democracia Real Ya!" con el objetivo de mostrar a los políticos el malestar de la sociedad con su gestión y sus ideas, para pedir un cambio de mentalidad y que realmente nuestros políticos nos representen. El caso fue que yo bajé, simpatizaba con el movimiento y decidí aportar mi granito de arena. Cuando llegué allá, nos dieron unos panfletos informativos con puntos concretos que la manifestación exigía a los políticos, no recuerdo todos, y la mayoría eran exigencias lógicas y buenas para la sociedad, pero había un campo que me llamó profundamente la atención y me dejó un mal sabor de boca: la economía. Está muy bien luchar por los derechos sociales, totalmente de acuerdo, pero cuando se trata de meterse de lleno en la economía estos movimientos demuestran ser totalmente ineficaces, no por su falta de motivación, si no porque directamente no tienen ni idea de cómo funciona la economía moderna ni de los problemas de este país.
Empezaré enumerando varios puntos que me hicieron sangrar los ojos nada más leerlos, por los cuales me dieron ganas de marcharme porque mi propia lógica interna no me permite apoyar algo semejante.
En primer lugar, pedían algo muy común en esta época, y es que se deje de rescatar a entidades financieras con dinero público. Muy bien, los motivos que subyacen bajo tal petición es que los bancos están dirigidos por especuladores malvados, forrados de dinero, que cometen errores como alimentar una peligrosa burbuja inmobiliaria y que después no pagan por ellos porque va papá Estado a darles más dinero para que sigan haciendo lo que quieran, que es explotar a la clase trabajadora imponiéndoles deudas a tipos de interés intragables o desahuciando a pobres familias que no tienen donde vivir. Bueno, en parte tienen razón, los bancos y cajas han sido unos irresponsables durante la última década y ahora parece que se van de rositas. Sin embargo, profundizando en el tema, ¿qué ocurriría si dejamos quebrar a las entidades financieras, que es lo que pide este manifiesto de Democracia Real Ya? Porque obviamente si papá Estado no les da dinero para rescatarlos, los bancos se van a la quiebra. ¿Qué ocurre entonces? Algo tan simple como que todas las personas que tenían depósitos o ahorros en el banco desaparecen de un plumazo. Vamos, que si un banco va a la quiebra, éste se lleva a unos cuantos cientos de miles de familias por delante. Y yo me pregunto, ¿esta gente, amantes de la libertad y la justicia, realmente desea que los clientes del banco pierdan sus ahorros que han acumulado durante toda una vida de trabajo y esfuerzo? Ya no es sólo la dimensión social del asunto, si no que ello sería un durísimo golpe para la economía de nuestro propio país. La explicación es muy simple: si la gente tiene menos ahorros, consume menos; si consume menos, las empresas venden menos; si las empresas venden menos, entran en pérdidas; si entran en pérdidas, las empresas deben de reducir plantilla; si reducen plantilla, se incrementa el paro; si se incrementa el paro, el Estado deja de recibir ingresos por impuestos y además le aumentan los gastos por el subsidio por desempleo; y si esto ocurre, el agujero en las finanzas públicas viene a ser mucho mayor; si el agujero en las finanzas públicas es muy profundo, los mercados internacionales dejan de comprar deuda pública española; si ocurre esto, aumenta la prima de riesgo y papá Estado tiene que pagar más intereses para endeudarse; si esto ocurre, finalmente papá Estado se ve ahogado por el alto pago de intereses y debe de subir impuestos para aumentar ingresos; y si esto ocurre, entonces el consumo aún se contrae más y vuelta a empezar, hasta que se llege a un punto insostenible en el que el malvado Fondo Monetario Internacional tenga que intervenir prestando dinero a tipos de interes "bajos" e imponiendo un draconiano plan de austeridad que haría que el paro siguiera siendo alto durante muchos años más y que retrasaría la salida de la crisis durante otros tantos. Hum, qué va, esto me lo acabo de inventar, en realidad no pasaría nada de esto porque somos super justos y buenos, y no dejaríamos que ocurriera, ¿no? Alguno estará de acuerdo en que el Fondo de Garantía evitaría todo esto: 100.000 euros por depósito, y el que tuviera más, que se atenga a las consecuencias. Es muy fácil decirlo sí, pero, por un lado, le saldría mucho más caro al Estado que si inyectara dinero para rescatar a las entidades financieras, y por otro, existe un peligro añadido, que es la restricción del crédito a las empresas. Le saldría más caro al Estado porque todos sabemos que ocurre con los depósitos bancarios, y es que las entidades financieras, si todo el mundo acudiera en masa a retirar sus fondos, no podrían pagar, ya que sólo guardan en efectivo el coeficiente de caja respectivo, que si mal no recuerdo no llega al 2% del total de los depósitos. En otras palabras, si se rescata a la entidad, la cuantía del rescate no será tanto como la que tendría que hacer frente el Fondo de Garantía porque el banco o caja no tendría que pagar lo que "en términos reales" no tiene, si no simplemente tapar agujeros. En este sentido los bancos son una figura patrimonial peculiar, por ello requieren de tanta regulación. Y, la restricción del crédito, en el sentido de que si quiebra un banco, aquellos clientes que tuvieran no podrán refinanciar sus deudas, y se le privará al tejido de empresarial de una fuente de financiación más... ¿Alguien se imagina lo que supondría que todas las cajas (20% del sistema financiero español) quebraran? Sería un golpe durísimo para la producción, y otra vez vuelta a empezar el ciclo.
En segundo lugar, el manifiesto pedía que se permitiera la dación en las hipotecas, es decir, que entregar la vivienda cancelara la hipoteca. Esta medida incluso llegó a plantearla Esperanza Aguirre hace pocos meses. En efecto es una buena medida, en Estados Unidos se hace así, aliviaría a muchas familias de una carga financiera importante. El problema viene otra vez de la economía. La economía es un juego de expectativas entre oferentes y demandantes, muy complicado, en el cual cada uno vela por su propio interés. Cuando los bancos y cajas de ahorro concedieron durante la pasada década hipotecas a miles de familias (alimentando la burbuja inmobiliaria), estaban totalmente convencidos de que las familias, si no podían pagar la hipoteca, tendrían que ser desahuciadas y si el valor del inmueble era inferior al de la hipoteca, entonces las familias tendrían que seguir pagando la diferencia, lo cual se traduce en dinerito fresco para los bancos. Es decir, que las entidades financieras fueron realmente astutas y, previendo lo que iba a pasar (el estallido de la burbuja), supieron cómo ganar más con menos. La explicación vuelve a ser otra vez simple, si explota la burbuja inmobiliaria significa que se va a contraer la demanda de viviendas, si esto ocurre, entonces las viviendas pierden su valor, si esto ocurre, entonces los bancos se quedan con la vivienda más una jugosa diferencia entre la hipoteca y el valor actual depreciado de la vivienda. Esto es sencillamente un crimen contra las familias, estoy totalmente de acuerdo. Pero recordemos otra vez que el cuadro clínico del sistema financiero es importantísimo para la economía del país. Y resulta que actualmente el buen estado del sistema financiero español está bastante más que puesto en duda. Los bancos relativamente han ido saliendo a flote de la crisis, pero no ocurrió lo mismo con las cajas de ahorro. Las cajas de ahorro, con un porcentaje bastante elevado del total del sistema financiero, constituyen entidades medio públicas medio privadas cuya gestión durante la última década fue lamentable, salvando ciertas excepciones (las cajas catalanas y las vascas principalmente). Estas cajas se lanzaron a invertir sobretodo en ladrillo, diversificando poco, y ahora se encuentran con un gran stock de viviendas desahuciadas que no pueden sacar al mercado, porque si lo hicieran incrementarían la oferta cuando la demanda aún sigue cayendo, y por lo tanto los precios de los inmuebles caerían a niveles de un 30-50%. Esto significa que las cajas de ahorro, que poseen todos esos inmuebles, verían reducido su valor en el activo un 30-50%, mientras que el valor de su pasivo (fuentes de financiación) seguiría siendo el mismo, con lo cual se verían en una situación parecida a la de muchas familias: lo que ellos tienen ahora vale 60, pero tienen una deuda de 100, ¿qué hacemos? Obviamente lo que hacen es no sacar todas las viviendas al mercado, y así al menos sus activos inmobiliarios en vez de valer 60 valen 80, y la diferencia con su deuda sólo son 20. ¿Y qué tiene que ver esto con la dación en la hipoteca? Pues sencillamente que esos 20 de diferencia que tienen las cajas deben de pagarlo con algo, ¿con qué? con la diferencia entre el valor del inmueble y la hipoteca de las familias que han sido desahuciadas. Es decir, que más o menos les pasan el muerto a las familias. Es horrible, sí, pero es que si las propias cajas tuvieran que hacerse cargo ellas (es decir, si admitimos que la entrega de las llaves de la vivienda cancele la hipoteca), entonces muy seguramente tendrían que irse a la quiebra. ¿Qué sucedería entonces? Pues lo mismo que he explicado antes, papá Estado tendría que acudir a su rescate, se incrementaría el agujero de las finanzas públicas (como le ha pasado a Irlanda) y entonces nos veríamos otra vez en manos del FMI. ¿Nadie quiere que pase eso, verdad? Pues entonces esa medida se debería de tomar cuando haya pasado la crisis y no en medio de ella.
En tercer lugar, el manifiesto proponía también que el Estado expropiara las viviendas vacías y que las alquilara a precios razonables. Bien, yo creo que la crítica a esto es bastante evidente. Vivimos en un Estado libre, democrático y social, y es absolutamente inconstitucional que el Estado prive a cualquier persona, ya sea física o jurídica, de la propiedad sobre sus bienes. Las expropiaciones solamente pueden hacerse en casos muy concretos (la construcción de infraestructuras por ejemplo), y aún así el Estado debe de respetar el principio de garantía patrimonial y debe de adquirir las propiedades por un precio significativamente razonable, y por ello el Estado no podría hacer frente a todas las adquisiciones. Bien, hasta ahí la crítica por parte del Derecho. Sin embargo, aunque la expropiación no sea posible, la idea no está mal encaminada, he de reconocer. Existe una solución, por parte de la economía, para que muchas familias puedan vivir alquiladas a precios razonables. Esta solución consiste en crear incentivos a alquilar viviendas, por ejemplo, mediante la creación de un gravamen especial para las viviendas vacías. Las familias en posesión de varias viviendas tendrían que alquilarlas para no sufrir una disminución de sus ingresos vía impuestos, con lo cual la oferta se incrementaría y ello haría bajar los precios de alquiler, propiciando el acceso a la vivienda de muchas personas.
En cuarto lugar, se pedía subir los impuestos a los ricos y a las grandes empresas. Esta quizás sea la medida que más cueste entender por qué es contraproducente. Los ricos viven de puta madre, pues que paguen ellos, ¿no? Sí, de acuerdo, pero es que los ricos ya tienen unos impuestos progresivos que les quitan el 45% de lo que ganan. Ya no solamente el hecho de que si tu has conseguido enriquecerte es una putada que Hacienda se te lleve casi la mitad (y con esto no me estoy refiriendo a los multimillonarios, si no a gente normal con una media de 4.000 euros al mes de salario, que también se les lleva el 45% al tener una renta anual de 50.000 euros o más). Subir los impuestos a los ricos desincentiva a la gente por querer ganar dinero, desincentiva la producción, ¿para qué voy a trabajar más si después se me van a llevar la mitad? Lo mismo ocurre para las empresas, un 30% de impuesto de sociedades es alucinante, osea, que ahora que estamos en crisis, más o menos consigo sobrevivir ¿y va Hacienda y se me lleva el 30%? Y lo más preocupante de todo, es que precisamente esa medida lo que haría sería reducir la inversión. Si ahora las empresas en vez de pagar un 30% de impuesto de sociedades tienen que pagar un 35%, ese 5% del beneficio ya no se puede invertir en seguir expandiéndose, en crear nuevos puestos de trabajo ni en dar préstamos al resto de PYMES o familias. Lo mismo ocurre con los ricos, que son los que fundamentalmente invierten sus ahorros. El estudio es bastante más complejo, pero si a alguien le interesa le recomiendo que busque artículos del profesor Tivinsky de la universidad de Yale, al que tuve el placer de conocer en septiembre aquí en Coruña, y cuyos estudios se centran en la peligrosidad que puede suponer subir los impuestos a las rentas más altas. Ello provocaría una fuga de capitales desde España a otros lugares donde fuera más rentable tener guardados los ingresos de los ricos.
Había más puntos polémicos, pero desgraciadamente ahora mismo no me acuerdo de cuales eran. En fin, espero que esto sirva un poco de explicación de por qué estos extremismos, tan nobles en su naturaleza, no son eficaces para sacarnos de la pobreza. Las crisis, como ya han dicho muchos otros, se superan trabajando más y cobrando menos, sea quien sea el culpable. Y así como ha venido una crisis, también volverá un período de crecimiento. Pero la solución no reside en clamar contra el sistema. Reformar sí, pero con sentido.
Sin más, recibid un cordial saludo.

Por qué la situación actual sí es tan grave.


27-Noviembre-2010

Dicen que una sociedad es más madura en la medida en la que se resuelven los problemas de todos entre todos. A tales efectos es curioso realmente ver la calma con la que la sociedad española se está tomando la situación que acontece en los mercados internacionales de deuda soberana, precisamente cuando estamos casi al borde del precipicio es cuando nadie sale a la calle a pedir que se tomen medidas; y al revés, cuando por fin se toma alguna de ellas parece que la gente se moviliza indignada pidiendo que se vuelva a la pasividad tradicional. Ésta es la situación de hoy en día, desoladora, triste, en la que la gente no se da cuenta de la gravedad del estado de nuestra economía.
El objetivo de este ensayo/artículo/chámelle X no es provocar que cunda el pánico entre vosotros obviamente, pero sí alertar de que las cosas van mal, y que si las cosas van mal ello puede repercutir en la calidad de vida presente y futura de todos los ciudadanos españoles y europeos, y por lo tanto debemos comprender ahora mismo qué es la que se nos viene encima antes de que alcancemos un punto sin retorno (si es que aún no lo hemos pasado). Hablaré en las siguientes líneas de los hedge funds, las operaciones al descubierto, los CDS, el riesgo-país,... y demás términos financieros explicando por qué no nos debe de sonar a chino.
En primer lugar, ¿en qué consiste ese mundillo de las finanzas que nos suena totalmente desvinculado de nuestra vida mundana? Resulta que está formado por personas normales, como tú y como yo, no sólo grandes bancos y corporaciones, si no también jubilados que invierten sus ahorros de toda la vida, familias que trabajan e invierten para garantizarles unos buenos estudios a sus hijos,... etc. Lo que ocurre es que todas esas personas que invierten su dinero lo único que desean es que éste al cabo de un tiempo les sea devuelto con unas ganancias que les compense el hecho de mantenerlo inmovilizado durante todo ese período; y por lo tanto, esas personas se informarán de cuales son los riesgos que tiene el meter su dinero en tal o en tal sitio, y si ven que los riesgos de perder el dinero son altos, también exigirán una rentabilidad acorde con ello.
Lo descrito en el párrafo anterior es bastante obvio, pero de ahí pasamos al siguiente tema, ¿qué está pasando actualmente con la deuda soberana? A principios de este año ocurrió que se produjeron tensiones en los mercados de deuda europeos, cosas que desde la creación del euro no pasaba. Vimos cómo la deuda de ciertos países periféricos, hasta entonces estable en relación a la deuda alemana, empezó encarecerse repentinamente para los países emisores (los denominados PIIGS, Portugal-Ireland-Italy-Greece-Spain) debido a que los inversores empezaron a detectar riesgos de impago. Los motivos de los inversores para desconfiar de la deuda periférica europea no eran infundados: dichos países tenían déficits y deudas públicas muy elevadas y un tanto descontroladas. Y el verdadero pánico vino cuando se supo que el gobierno griego, gracias a Lehman Brothers, había falseado sus cuentas y que en realidad no tenía un 4% de déficit público sobre el PIB, si no del 13%. Fue entonces cuando se rompieron los mercados de capitales: en abril Grecia no logró colocar sus títulos, y los diferenciales del bono griego, español y portugués a 10 años con el bono alemán empezaron a escalar a velocidad de vértigo, la deuda griega llegando incluso a la calificación de “bono basura”.
El mercado no sólo tiene en cuenta los elevados déficits y deudas públicas a la hora de examinar el riesgo de un país para cumplir con sus compromisos de pago, si no que tienen en cuenta sobretodo la situación estructural de su economía. En el caso de Grecia, el principal motivo, aparte de haber falseado las cuentas (lo cual genera obviamente muy poca confianza hacia ese país) es que la economía griega es poco competitiva y ello no le permite endeudarse demasiado porque no va a poder crecer por ello tampoco. Es decir, los déficits públicos estructurales se pueden financiar en la medida en la que un país se endeude en proporción a su crecimiento económico, dado que si un país crece aumentará sus ingresos fiscales y podrá hacer frente a sus deudas anteriores.
En el caso de Irlanda la situación es diferente: Irlanda es un país muy competitivo, innovador y neoliberal, un modelo a seguir. Sin embargo tiene una banca relativamente grande que está podrida de subprime y de pisos cuyo valor es muy inferior del valor al cual los adquirieron (debido al estallido de una burbuja inmobiliaria), en donde se han descubierto agujeros de hasta 80.000 millones de euros, cantidad muy respetable para el tamaño de su economía. Si recordáis, en octubre de 2008, en medio de todo el pánico bancario, el gobierno irlandés lanzó un comunicado al mundo diciendo que se comprometería a avalar al 100% de los depósitos nacionales que hubiera en bancos irlandeses; con lo cual, el gobierno debería acudir en rescate de la banca si ésta no podía pagar a sus acreedores. Ésto fue exactamente lo que pasó, se le sumó al ya de por sí elevado déficit público irlandés la quiebra de los 3 bancos más grandes del sistema, con lo cual el déficit de 2010 ha subido hasta el 30% del PIB, algo realmente aterrador.
El caso de Portugal es un problema de crecimiento futuro lo que lastra su deuda. Portugal lleva una década estancada en una crisis nacional de la que no hay buenas perspectivas en el futuro, lo cual ha incrementado los niveles de deuda pública, que está en aproximadamente en el 120% del PIB (para que os hagáis una idea, la media de la UE es del 80%). Lo que ocurre con Portugal es que si tiene poco crecimiento y una alta deuda, el déficit se incrementará para pagar los intereses de la deuda, y ese déficit a su vez incrementará la deuda mientras que el poco crecimiento del país hará que los ingresos no aumenten.
Y, por otro lado, está nuestro caso, sin duda el más grave de todos, porque España no sólo tiene problemas de competitividad griega, problemas bancarios al estilo irlandés y problemas de crecimiento portugués. Si a ello le sumamos el alto paro, entonces tenemos un país casi al borde del colapso. El problema de España no viene tanto por la deuda pública, que es bastante baja (70% del PIB), si no por su deuda privada, que es la tercera más alta del mundo, un 200% sobre el PIB. Durante la pasada década, los bancos y familias españolas aprovecharon la entrada en el euro con tipos de interés bajos para endeudarse hasta la saciedad e invertir en una burbuja inmobiliaria que finalmente nos ha explotado en las manos: el valor real de los inmuebles ha descendido y no hay casi compradores, así que los bancos se encuentran con un montón de pisos de hipotecas impagadas que no se atreven a poner a la venta, dado que si lo hacen su precio se desplomaría, lo cual influiría negativamente en sus balances y tendrían que provisionar pérdidas. Los bancos se encuentran con que tienen una gran deuda que vence dentro de dos años, y no se prevé que la situación para entonces vaya a mejorar, con lo cual los inversores se preguntan “¿y éstos cómo van a pagar?”, y claro, la solvencia de los bancos españoles se pone en cuestión. Por otro lado, las familias están profundamente endeudadas también, pero tenemos una tasa de paro del 20%... ¿qué ocurrirá cuando a muchas de esas familias en paro se les agote el subsidio por desempleo? El miedo es precisamente ése, que no podrán pagar sus deudas con los bancos, con lo cual los bancos no podrán pagarla con sus acreedores internacionales. Y si se les sigue manteniendo el subsidio de paro el objetivo de reducción del déficit será casi un imposible (puesto que los ingresos no aumentarán debido al nulo crecimiento de nuestra economía), y todo ello lo perciben los mercados internacionales como peligro de impago. Si cae el sistema financiero español, el Estado tendría que ir a su rescate para que no cundiera el caos (un corralito a la argentina), lo cual inevitablemente haría que el déficit público se tornara como el irlandés, pero con la diferencia de que España ni es competitiva ni es innovadora, y por lo tanto no crecerá tanto como Irlanda (ni siquiera una cuarta parte). Otro peligro de que caigan las economías periféricas es que los bancos se deben dinero unos a otros sin tener en cuenta el país, es decir, los bancos españoles son acreedores de bancos portugueses y los bancos británicos son acreedores de los bancos irlandeses; por ésto si el sistema financiero de un país se ve obligado a realizar una reestructuración de su deuda (lo cual no es más que decir que a los acreedores en vez de pagarles lo que se les debe se les paga menos) ello repercutirá en los bancos acreedores de otros países, lo cual agravará su situación.
Aparte de los problemas reales de las economías de los países con problemas de deuda soberana, existe un problema añadido: la presión de los mercados internacionales. Esto significa que si los mercados no confían en España y el diferencial de deuda se dispara, va a resultar mucho más caro al país financiarse. Esto puede llegar a niveles insostenibles si el riesgo-país sigue subiendo hasta los niveles de Irlanda o Grecia (actualmente está en 260 puntos básicos, para que os hagáis una idea a partir de 150 puntos básicos se considera que el país tiene riesgo de quiebra, y Grecia e Irlanda andan por los 900 y 650 puntos básicos, respectivamente). Aún no estamos en dichos niveles, pero seguimos marcando máximos históricos, incluso más que desde el rescate de Grecia. El problema de esto es que a mayor rentabilidad del bono español a 10 años, mayores serán los intereses que tendremos que pagar, lo cual hará que tengamos que acometer aún más ajustes fiscales para poder pagarlos, y esto provocará la desviación de recursos que podrían ser empleados para la reactivación económica del país hacia el pago de intereses. Por eso, niveles de rentabilidad como los de Grecia o Irlanda son insostenibles, un país que esté durante mucho tiempo en esos niveles, tenga o no problemas en su economía real, tendrá que pedir el rescate financiero. Toda esta desconfianza además se agrava por culpa de la escasa regulación de los instrumentos financieros modernos, entre los que tienen especial relevancia los denominados hedge funds. Estos instrumentos especulativos se caracterizan por operaciones de venta al descubierto: significa que, por ejemplo, una persona vende bonos de deuda española que no posee patrimonialmente (podría decirse que es un alquiler) en el mercado secundario de deuda con el objetivo de volver a adquirirlos a muy corto plazo por un precio inferior, devolverlos a su dueño y embolsarse la diferencia. ¿Cómo afectan este tipo de operaciones a los mercados de deuda? Es bien fácil, si una persona cree que el precio de los bonos españoles va a bajar (es decir, que se encarece el tipo de interés para el Estado español) debido a la desconfianza en sus cuentas públicas y en su economía, esta persona tomará prestados bonos españoles y los venderá esperando poder recomprarlos a un menor precio. Esta práctica especulativa, si se generaliza, como está ocurriendo, entonces significa que mucha gente pone a la venta al mismo tiempo bonos españoles, y esto de por sí hace que el propio precio del bono baje porque la oferta de bonos supera a la demanda de bonos, con lo cual se cumplen las expectativas de los especuladores; y por lo tanto el precio del bono baja (o lo que es lo mismo, la rentabilidad de la deuda se encarece para el emisor) sin que la bajada de precio esté motivada por aumento del riesgo real. En conclusión, que estos instrumentos financieros especulativos lo que hacen es perjudicar aún más la de por sí ya complicada situación.
¿Significa que todo esto es el caos? Actualmente el miedo está en la pasividad del gobierno español, que teme tomar medidas impopulares a las puertas de las elecciones generales. Todos estos problemas se pueden resolver mediante un mayor ajuste fiscal estructural, disminuyendo el sector público (despedir funcionarios y trabajadores ineficientes), acelerar el proceso de fusión de las cajas, aumentar la transparencia del sistema financiero, promover políticas activas y disminuir las políticas pasivas del desempleo, incentivar la creación de empresas mediante la bajada del impuesto de sociedades y reducción del trámite burocrático (origen del milagro económico irlandés), acelerar la reforma de las pensiones y llevar a cabo la reforma de la negociación colectiva que sea ambiciosa. En parte, estas medidas se están tomando o se van a tomar, pero los mercados no esperan: es necesarias hacerlas ya. Todo esto aumentaría la confianza de los inversores en España. Sin embargo, la situación está lejos de la calma financiera: tenemos una oposición que no cede en nada y un gobierno que se limita a hacer tímidas reformas muy espaciadas en el tiempo y que no hace más que repetir que se cumplirán los objetivos de déficit cuando no se lo cree nadie. Por ejemplo, ahora salen noticias diciendo que la recaudación del IVA se ha incrementado en un 40%... pero, ¿quién se cree que los ingresos por IVA hayan aumentado casi la mitad simplemente subiéndolos de un 16% a un 18%? Ya instituciones privadas como JP Morgan advertían hace meses de que se estaban empleando triquiñuelas contables para esconder la verdadera realidad de las cuentas, hoy en día son los propios miembros del Partido Socialista los que no se lo creen (y si no, lean las declaraciones que hizo ayer el señor Almunia).
Los rescates no son más que el préstamo de dinero de unos países financieramente sostenibles a otros que no lo son a un tipo de interés muy por debajo del mercado. En el caso de Grecia e Irlanda ya han recibido su rescate: no es el armagedón, pero sí se les pide a cabo que realicen un mayor esfuerzo fiscal. Todo esto finalmente repercute en su crecimiento económico. Por ejemplo, se prevé que Irlanda, que en una coyuntura normal crecería a tasas del 4% anual, ralentice su crecimiento para el próximo ejercicio al 1%; y Portugal que vuelva a tasas negativas, al igual que Grecia. Esto no es ni más ni menos que una salida aún más lenta de la crisis. Si nos ocurre a España, sería malo, porque si ya de por sí en condiciones normales tendríamos una salida de la crisis muy lenta, el país entraría en un estancamiento al menos hasta el 2017, es decir, toda una década perdida desde el 2007. Pero... ¿qué nos queda si no? ¿Seremos suficientemente grandes como para no ser rescatados? Ahora las dudas se centran en ello, en si Europa podrá rescatarnos. Irlanda, Portugal, Grecia... los tres son países pequeños, economías casi sin importancia. Pero España representa un 10% del PIB de la Unión Europea. Se calcula que España necesitaría 800.000 millones de euros en caso de ser rescatada. Ello haría tambalear los cimientos del euro tal y como lo conocemos actualmente, hasta que incluso cabe la posibilidad de que la moneda única desaparezca y con ella todo el proyecto de una Europa unida y fuerte.
Yo lo único que puedo afirmar con rotundidad de todo esto es que Europa y el euro no volverán a ser lo mismo nunca más. Tenedlo todos así de claro: si el euro finalmente desaparece, ese será el momento histórico que marque el inicio de la decadencia de Europa y su caída en el abismo como potencia hegemónica mundial, pondrá el punto y final a un período histórico que comenzó con la Edad Moderna y que terminará con el ascenso de oriente al poder, lo cual, marcará de por vida a todos los europeos.